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Argentina parece haberle dado la
vuelta a la situación de crisis que la atravesó
a principios del nuevo siglo e, imponiendo su propio modelo de
crecimiento. Tanto es así que el diario británico
Financial Times (FT), defensor de las políticas económicas
más ortodoxas, acaba de alabar el modelo aplicado por el
Gobierno argentino del presidente Néstor Kirchner.
No es para menos, si tenemos en
cuenta que se espera que Argentina complete su cuarto año
consecutivo de crecimiento por encima del 8% y que además
ha conseguido que el país no se vea afectado por las mismas
coyunturas que afectan a otros mercados.
Según señala el FT,
la diferencia con el modelo de crecimiento de los 90, basado en
seguir las fórmulas del consenso de Washington, Argentina
es hoy "más sólida, ya que los números
macro son muy buenos y además cuenta con superávit
fiscal y comercial, una inflación controlada y una acumulación
de reservas". Además, se ha producido una caída
significativa en la tasa de desempleo y la inflación se
ha estabilizado y, aunque sigue siendo alta, se estima que concluirá
el dentro de la meta oficial que se sitúa entre el 8% y
el 11%.
No es de extrañar entonces
que, según las previsiones de la Unión de Bancos
Suizos (UBS), Argentina liderará este año el crecimiento
económico en Latinoamérica, a un ritmo de un 7,8%,
por delante de Chile y Perú que lo harán al 5,4%
y 5%, respectivamente. Mientras que el conjunto de la región
lo hará tan sólo a un ritmo de entre el 3,9% y el
4,4%.
La superación del FMI.
El motivo de éste cambio, podría basarse según
apuntan algunos analistas económicos en que Argentina parece
haber aprendido de los errores de la década del noventa,
y al estar menos dependiente de los mercados internacionales,
y de las recetas que le puedan querer imponer de fuera, el país
está mucho menos sujetos a sufrir crisis como las que sufrieron
en los noventa.
En lugar de poner las grandes cifras
macro como el objetivo en sí mismo, sin prestar atención
a los desajustes internos que éstos pudieran provocar,
una de las grandes críticas que siempre se le hizo a las
políticas impulsadas desde el FMI y que obligaron a su
revisión, ahora se ha puesto la política monetaria
al servicio del crecimiento.
Incluso la muy discutida política
de acuerdos de precios que el Gobierno está aplicando con
el objetivo de controlar la inflación y que ha sido el
principal reproche que le ha hecho el FMI a la nueva política
económica del presidente Kirchner, encuentra sus defensores,
ya que algunos economistas cuestionan ahora la efectividad de
las políticas monetarias como vehículo de control
de la inflación.
Un tipo de cambio competitivo y
una tasa de interés baja, serían los nuevos ejes
de la política argentina del Gobierno de Kirchner, en lugar
de la inflación y el déficit público.
En esta línea la ministra
de economía argentina, Felisa Miceli, ha asegurado en esta
última semana que la política activa en cuanto a
tipos de cambio es el camino a seguir para el crecimiento de Argentina.
Miceli ha afirmado que se mantendrá la política
monetaria de venta de pesos en el mercado de divisas con el objetivo
de prevenir que la moneda argentina se revalorice y pueda afectar
a las exportaciones. Por ello, el Banco Central de Argentina vende
pesos por dólares casi todos los días, con el objetivo
de mantener la cota.
Luces y sombras. La importancia
de las exportaciones en el nuevo modelo económico y de
las inversiones en Inversión+Desarrollo+Innovación
(I+D+I), son otros de los puntales de la economía argentina,
que, por el contrario, encuentra sus mayores problemas en el suministro
energético y en la excesiva concentración que parece
tener el crecimiento en el sector de la vivienda.
El Gobierno argentino, por medio
de su ministro de Planificación, Julio de Vido, ha exigido
a las petroleras que incrementen sus inversiones y que abastezcan
al mercado nacional. De Vido, ha criticado expresamente a estas
empresas, ya que ganan millones de dólares,
pero no aumenten su producción en gasoil. Entre las compañías
presentes en ese sector destacan la hispano-argentina Repsol YPF
y la brasileña Petrobras.
No sería la primera vez
que Argentina se enfrenta a una crisis de suministro y además
esta cuestión le ha generado ya diversos problemas con
su vecino Chile al trasladarle la subida del gas que Argentina,
a su vez, importa de Bolivia. Incluso el presidente Kirchner ha
presentado un proyecto por el que relanza la energía atómica
en una estrategia que recuerda a la situación de los años
70.
Pero quizá el mayor problema
sea el de la vivienda, dado que este sector se encuentra ante
una situación que le podría hacer morir de éxito.
En una situación que recuerda a España, cada vez
más argentinos son incapaces de acceder a su propia vivienda
sin hipotecarse de por vida.
Un problema que los críticos
de Kirchner, aquellos que le acusan de populista, harían
extensible al resto de su política económica ya
que consideran que no cuenta con una visión de largo alcance.
En esta línea interpretan la sustitución del ex
ministro de Economía, Roberto Lavagna, por Felisa Miceli,
más cercana al presidente.
Lavagna, que también fue
ministro con Duhalde, también se ha unido a estas críticas
y no hace ascos a las voces de sirena que lo quieren impulsar
como alternativa a Kirchner, incluso en una insólita alianza
con el mismo Duhalde y con Alfonsín.
Pero Kirchner sigue muy distanciado
en las encuestas y las cifras de crecimiento no parece que vayan
a jugar en su contra. Por lo menos, por el momento. Quizá
haya que esperar a la próxima legislatura para ver si los
críticos tenían parte de razón o tan sólo
intentaban oficiar como agoreros en busca de un rédito
electoral que parecen muy lejos de conseguir.
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