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Finalmente, Felipe Calderón
Hinojosa del Partido de Acción Nacional (PAN) ha recibido
la constancia que le acredita como presidente electo. Ahora se
enfrenta a la inmensa de tarea de intentar aprovechar los posibles
resquicios que aparezcan en el movimiento de resistencia civil
para, al hacer suyas parte de las demandas de Obrador, reducir
la fractura que ha divido a México.
El procedimiento del Tribunal.
La entrega se produjo de manos de Leonel Castillo González,
magistrado presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial
de la Federación (Tepjf), pese a las amenazas de miembros
de la resistencia civil que encabeza el Partido de la Revolución
Democrática (PRD) de impedir este acto, al igual que hicieron
con el discurso del presidente Fox ante el Congreso el pasado
viernes.
Por este motivo elementos de la
Policía Federal Preventiva (PFP) y de la Secretaría
de Seguridad Pública capitalina resguardaron las instalaciones
del Tepjf el día de la entrega a Calderón, nuevo
objetivo de los perredistas desde que tras varios meses de polémicas,
el Tepjf nombrase el pasado martes a Felipe Calderón presidente
electo mexicano.
El dictamen se produjo como resultado
de la doble conclusión a la que llegó el Tribunal:
la confirmación de la victoria de Calderón en las
elecciones presidenciales celebradas el pasado dos de julio y
la validez de las mismas. Todo ello, pese a que también
reconoció que las injerencias del presidente Fox, obligado
por Ley a la más estricta imparcialidad, estuvieron a punto
de anularlas.
Según el Tribunal, en su
momento, las declaraciones del Presidente Vicente Fox pudieron
constituir una amenaza para la validez de la elección ya
que "impregnaron al electorado y pudieron influirlo".
Sin embargo, los magistrados concluyeron que finalmente se evitó
que así fuese gracias al Acuerdo de Neutralidad, emitido
por el IFE (Instituto Federal Electoral), y a la prohibición
para difundir propaganda gubernamental contemplada en la legislación
electoral vigente.
La estrategia de la ya oposición.
Una visión que Obrador sigue rechazando radicalmente al
señalar que una vez más el fallo del Tepfj intenta
obligarles "a reconocer a instituciones que no respetan el
orden constitucional". En ese sentido, señaló
que "al diablo con sus instituciones", y que nunca más
permitiría la humillación del pueblo. En consecuencia,
por si quedará alguna duda de la estrategia que adoptará
hasta que Calderón sea investido presidente en diciembre,
afirmó que su objetivo es el de lograr una verdadera transformación
de la República que rompa con un orden institucional que
considera agotado.
Sin embargo, las primeras divisiones
parecen haber llegado al interior del movimiento de resistencia
civill ya se ha reducido significativamente el número de
acampados en torno al Zócalo de la capital. Además,
el partido mexicano de la Convergencia se ha desmarcado parcialmente
de la campaña de que encabeza Andrés Manuel López
Obrador, del Partido de la Revolución Democrática
(PRD) ya que el coordinador electo de Convergencia en la Cámara
de Diputados, Alejandro Chanona, ha confirmado que como partido
político respetarán el fallo del Tepjf sobre las
elecciones para Presidente de la República.
Podría romperse así
la coalición electoral, Por el Bien de Todos, que formaban
estos dos partidos junto con el Partido por los Trabajadores (PT).
Aunque Chanona aclaró también que a nivel individual
seguirán participando en las medidas de resistencia civil
-de hecho se mantuvo al lado de Obrador en la Asamblea del Zócalo
capitalino posteriori al fallo del Tribunal-, mientras que en
el Congreso, aunque desde el reconocimiento de las instituciones,
seguirá trabajando en una nueva alianza, en este caso legislativa,
con el PRD y el PT.
En cualquier caso habrá
que esperar a la Convención Nacional del 16 de septiembre
para hacer el pronóstico definitivo de en qué medida
ha desfallecido un movimiento de resistencia que tras el fallo
del Tepjf muchos consideran que ha llegado el momento de parar.
Aunque, según las últimas encuestas, hasta un 52%
de los mexicanos siguen teniendo dudas sobre la validez de la
elección, sólo una minoría cree que la resistencia
tiene ya algún sentido. Más que un convencimiento
de fondo, parece comenzarse a imponer un razonamiento puramente
pragmático.
Incluso el dirigente histórico
del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, se ha visto inmerso
en esta dinámica y ha sido acusado desde dentro de su propio
partido de "traidor" por aceptar un cargo dentro del
Gobierno de Fox, en lugar de apoyar al movimiento de la resistencia
civil pacífica, según señalo el diputado
electo del PRD, Agustín Guerrero.
Guerrero añadió además
que los personajes perredistas que quieran impulsar acuerdos "en
lo oscurito" con los partidos Acción Nacional (PAN)
o Revolucionario Institucional (PRI), automáticamente están
fuera del sol azteca.
El gran reto de Calderón.
Precisamente, ese parece ser, a grandes rasgos, el objetivo de
Calderón: tender puentes con todos los partidos para construir
una agenda legislativa común que sea la base de un gobierno
de coalición, consciente de la fractura que han revelado
las últimas elecciones.
Por eso ya ha anunciado que asumirá
buena parte del programa de Obrador. Aunque, Josefina Vázquez
Mota, operadora política del equipo de transición,
ha descartado que se minimice la resistencia civil encabezada
del PRD, sí reconoce que mantiene contactos con "actores
muy cercanos" a Obrador que no están dispuestos a
seguirlo en su radicalización.
Sin embargo, Obrador sigue firme
en su convicción y ha advertido a sus seguidores de que
no se preocupen por lo que hagan sus adversarios, pues éstos
se dividirán cuando comiencen a repartirse los cargos y
la maestra Elba Esther Gordillo le exija a Felipe Calderón
la Secretaría de Educación Pública. Obrador
señaló que ésto es lo que pasa "cuando
se reparte mal el botín, hay motín; eso es entre
mafiosos".
Un pronóstico que revela
su determinación, pero aún falta por saber la de
sus fieles. Un primer síntoma se verá el 16 en la
Asamblea del Zócalo, pero la gran incógnita será
la de sí Calderón, al que se ha acusado de una excesiva
subordinación a grupos empresariales y al poder religioso,
será capaz de incorporar parte del programa de Obrador
sin que el apoyo de la derecha más férrea le haga
resentirse.
Ahí estará la verdadera
clave de cuál es el porvenir que le espera a Obrador, al
movimiento que encabeza y, por ende, el futuro destino de México.
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