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Afganistán sigue tiñéndose
regularmente de sangre, pero a partir de ahora la población
también podrá apreciar otro tipo de color rojo:
el de los envases y la publicidad de Coca Cola. El gigante estadounidense
ha decidido abrir una fábrica en Kabul, la cual obviamente
está dotada de todas las medidas de seguridad posibles.
Francotiradores en el tejado, perros
guardianes en el recinto y vigilantes nativos son solo algunas
medidas de seguridad que la empresa ha contratado para proteger
la que sin duda será una fábrica que abrirá
-y de hecho, ya los ha abierto en la capital afgana- debates polémicos.
La fábrica ha levantado diferentes opiniones ya en la propia
Kabul.
Por un lado, el presidente Hamid
Karzai, pro estadounidense, aseguró, en un discurso dentro
de la nueva fábrica, que la empresa norteamericana "dará
trabajo a 350 personas en esta planta", a la vez que afirmó
que "la implantación de esta fábrica es un
paso hacia un futuro prometedor de la economía afgana,
generando empleos, autosuficiencia y mejor calidad de vida".
Sin embargo, varias voces se alzaron en contra de la inauguración
de la planta, que costó 25 millones de dólares (cerca de 20 millones de euros).
"Aquí se necesitan
hospitales y escuelas, no fábricas destinadas a la producción
de refrescos", denunció un trabajador llamado Gul,
que también se preguntaba hasta cuando durará la
violencia en las calles de Kabul.
Según los expertos, lo que
el presidente Hamid Karzai quiere demostrar apoyando la instalación
de la empresa estadounidense es, además de una buena actitud
hacia EEUU, que su país puede empezar a albergar y desarrollar
inversiones extranjeras. El proyecto de la planta, que pertenece
al empresario afgano Habibullah Gulzar, con centro de negocios
en Dubai, ha contado en todo momento con el apoyo del gobierno
del país.
Sin embargo, además de la
polémica que ha suscitado la construcción de la
misma en todo el país -"la inversión de 25
millones de dólares podría haberse utilizado para
apagar los focos de violencia o construir hospitales", es
la frase más repetida entre los opositores al proyecto
ya terminado- ahora llegará el turno de las críticas
internacionales.
La opinión de que EEUU comenzó
una guerra ya no solo por buscar y capturar a Bin Laden, sino
también con la intención de derrocar a un gobierno
contrario -el Talibán- a las políticas internacionales
de George Bush, cobrará previsiblemente protagonismo e
importancia tras la inauguración de la fábrica de
Coca Cola en Kabul. Sin embargo, también se prevé
la reacción contraria por parte de algunos sectores, en
particular el financiero, en el cual se asegurará, secundando
así las palabras del presidente afgano, que la construcción
y funcionamiento de una planta de Coca Cola en Kabul significará
la llegada de más inversores extranjeros que con el tiempo
ayudarán a desarrollar la economía local, lo que
supondrá mejor calidad de vida, más seguridad y
estabilidad económica.
De momento, los francotiradores
y los perros guardianes siguen en alerta ante posibles atentados,
pues, tal y como reconoció el propio Karzai, "hay
un problema en materia de seguridad a nivel nacional, no puedo
esconder algo tan obvio", sin embargo, "el futuro se
muestra brillante" subrayó.
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