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Año VII - Madrid, viernes 15 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
La compañía estadounidense abre una fábrica en el país asiático
 
Coca cola se marcha a Afganistán

Carolina Castilla

 

Afganistán sigue tiñéndose regularmente de sangre, pero a partir de ahora la población también podrá apreciar otro tipo de color rojo: el de los envases y la publicidad de Coca Cola. El gigante estadounidense ha decidido abrir una fábrica en Kabul, la cual obviamente está dotada de todas las medidas de seguridad posibles.

Francotiradores en el tejado, perros guardianes en el recinto y vigilantes nativos son solo algunas medidas de seguridad que la empresa ha contratado para proteger la que sin duda será una fábrica que abrirá -y de hecho, ya los ha abierto en la capital afgana- debates polémicos. La fábrica ha levantado diferentes opiniones ya en la propia Kabul.

Por un lado, el presidente Hamid Karzai, pro estadounidense, aseguró, en un discurso dentro de la nueva fábrica, que la empresa norteamericana "dará trabajo a 350 personas en esta planta", a la vez que afirmó que "la implantación de esta fábrica es un paso hacia un futuro prometedor de la economía afgana, generando empleos, autosuficiencia y mejor calidad de vida". Sin embargo, varias voces se alzaron en contra de la inauguración de la planta, que costó 25 millones de dólares (cerca de 20 millones de euros).

"Aquí se necesitan hospitales y escuelas, no fábricas destinadas a la producción de refrescos", denunció un trabajador llamado Gul, que también se preguntaba hasta cuando durará la violencia en las calles de Kabul.

Según los expertos, lo que el presidente Hamid Karzai quiere demostrar apoyando la instalación de la empresa estadounidense es, además de una buena actitud hacia EEUU, que su país puede empezar a albergar y desarrollar inversiones extranjeras. El proyecto de la planta, que pertenece al empresario afgano Habibullah Gulzar, con centro de negocios en Dubai, ha contado en todo momento con el apoyo del gobierno del país.

Sin embargo, además de la polémica que ha suscitado la construcción de la misma en todo el país -"la inversión de 25 millones de dólares podría haberse utilizado para apagar los focos de violencia o construir hospitales", es la frase más repetida entre los opositores al proyecto ya terminado- ahora llegará el turno de las críticas internacionales.

La opinión de que EEUU comenzó una guerra ya no solo por buscar y capturar a Bin Laden, sino también con la intención de derrocar a un gobierno contrario -el Talibán- a las políticas internacionales de George Bush, cobrará previsiblemente protagonismo e importancia tras la inauguración de la fábrica de Coca Cola en Kabul. Sin embargo, también se prevé la reacción contraria por parte de algunos sectores, en particular el financiero, en el cual se asegurará, secundando así las palabras del presidente afgano, que la construcción y funcionamiento de una planta de Coca Cola en Kabul significará la llegada de más inversores extranjeros que con el tiempo ayudarán a desarrollar la economía local, lo que supondrá mejor calidad de vida, más seguridad y estabilidad económica.

De momento, los francotiradores y los perros guardianes siguen en alerta ante posibles atentados, pues, tal y como reconoció el propio Karzai, "hay un problema en materia de seguridad a nivel nacional, no puedo esconder algo tan obvio", sin embargo, "el futuro se muestra brillante" subrayó.

 
 

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