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La asamblea en la que el líder
opositor Andrés Manuel López Obrador, del Partido
de la Revolución Democrática (PRD), ha convocado
a seguidores de todo el país en el Zócalo de la
capital, marcará el rumbo que tomará el movimiento
de resistencia que éste encabeza ante la designación
del candidato conservador Felipe Calderón, del Partido
de Acción Nacional (PAN), como presidente electo. Según
todas las previsiones, el millón de personas aproximado
que asistirá a la Convención, nombrará a
Obrador "Presidente legítimo" con lo que coexistirían
dos Presidencias al mando de la República.
Como paso previo, se ha avanzado
hacia la distensión por parte de los partidos mayoritarios
en el espectro político mexicano y tanto Obrador como el
presidente Vicente Fox han renunciado a dar el grito con el que
los mexicanos celebran la independencia en el Zócalo capitalino.
Fox ha cambiado la sede desde la
que celebrará este acto a su estado natal de Guanajuato,
donde Manuel Hidalgo inició la lucha por la independencia
de España, y Obrador ha cedido a Alejandro Encinas, jefe
de Gobierno del Distrito Federal, la responsabilidad de encabezar
la ceremonia en la Plaza de la Constitución. Encinas liderará
así la celebración de la independencia mexicana
desde el edificio del Ayuntamiento del Gobierno del Distrito Federal
y no desde Palacio Nacional.
Obrador ha dado además un
paso adicional en favor de la conciliación, o al menos
para no agravar el conflicto, cuando, en contra de lo que había
declarado hasta ahora, anunció que el 16 de septiembre
él y sus seguidores también permitirán que
se desarrolle el desfile militar previsto a través de las
calles en las que sus simpatizantes se mantienen movilizados permanentemente.
Además, Manuel Camacho Solís,
coordinador de las redes de apoyo ciudadano a Obrador, ha anunciado
que cree difícil que, una vez levantado, se vuelva a instalar
el campamento que mantenía paralizado el centro de la capital.
Una decisión en la que también influirá la
menor afluencia que se registraba en la citada movilización
permanente desde que se declaró a Calderón presidente
electo.
Un paso atrás para tomar
fuerzas. Sin embargo, tampoco se puede pensar que el PRD está
dispuesto a renunciar definitivamente a la protesta, más
bien al contrario: todo apunta a que su intención es la
de cambiar las formas de protesta. Si las movilizaciones habían
suscitado hasta ahora un fuerte malestar entre la población
mexicana y una fuerte pérdida de apoyos entre sus seguidores,
la designación de un gobierno alternativo pretende ofrecer
alternativas y acciones en positivo frente a los actos de mera
protesta.
Después de que el portavoz
del PRD, Gerardo Fernández Noroña, repitiese esta
semana, como ya había anunciado hace dos semanas en una
entrevista
con Americaeconomica.com, que su partido estaba
dispuesto a aceptar a Calderón a cambio de un recuento
"voto a voto", la fracción del PRD en la Cámara
de Diputados ha presentado un decálogo de acciones a seguir,
en el cual destaca que no habrá negociación ni diálogo
con el presidente electo, Felipe Calderón.
Ahora, el objetivo principal del
PRD "generar la fuerza y las condiciones para que el país
cambie y se transforme" en el marco de las decisiones tomadas
por la convención nacional. Por ello, pretenden instalar
un congreso que el PRD concibe como constituyente, "como
camino para cambiar el régimen político, económico
y social para construir una verdadera república democrática",
y el objetivo final de "sepultar en la actual LX Legislatura
al régimen presidencialista".
Está previsto entonces que
en la citada convención se designe una sede donde desarrollará
sus labores el nuevo gobierno y, probablmente, también
decidirá darle un carácter itinerante; es decir,
tendrá una sede en la capital, pero recorrerá todas
las regiones de México.
Un escenario que, en principio,
parece ilusorio, pero que podría comenzar a cobrar visos
de verosimilitud si Felipe Calderón no consigue consolidar
los movimientos a la unidad que ha comenzado esta misma semana.
Los equilibrios de Calderón.
Calderón ha empezado así, a vertebrar su estrategia
económica señalando la necesidad de mantener el
rumbo económico, pero también de dar un impulso
importante a la reducción de las desigualdades. Para ello,
los principales objetivos del nuevo Ejecutivo serán avanzar
en la la lucha contra la pobreza, la generación de empleos
y acabar con la inseguridad pública. Es decir, asumir como
propias algunas de las consignas de Obrador y del movimiento que
éste encabeza.
Pero para ello Calderón
tendrá que hacer un auténtico encaje de bolillos
si quiere mantener unido a su propio partido y, al mismo tiempo,
conseguir los apoyos que necesita del Partido Revolucianario Institucional
(PRI). Algo que no parece fácil después de que las
últimas reuniones que Calderón mantuvo con representantes
del PRI levantasen los rumores de un posible distanciamiento entre
Calderón y la cúpula panista, que incluso hubo de
salir a negar esta posibilidad.
Mientras que desde el otro flanco,
en el que se habrá de sustentar el próximo presidente,
los gobernadores del PRI amenazaban al presidente electo con provocar
su caída si su partido accedía a las pretensiones
de la oposición de nombrar a un gobernador sustituto en
el estado de Oaxaca ante la situación de desorden público
en que éste se encuentra.
Calderón será el
siguiente en caer, "porque no puedes dejar caer a uno y proteger
al otro", señalaba Silverio Cavazos, gobernador de
la región de Colima. Los representantes priístas
exigían que en respuesta a su respaldo a la institución
presidencial, "el Gobierno Federal actúase en auxilio
del Gobernador Ruíz".
En definitiva, el futuro de las
alternativas que con toda probabilidad presentará Obrador
este fin de semana dependerán de la habilidad de Calderón
para caminar entre dos aguas. Sólo así se hará
realidad la pretensión panista de permanecer al margen
de las acciones que insisten en ignorar a las instituciones como
también ha hecho el Gobierno panista, al ignorar las declaraciones
en las que los gobiernos de Venezuela y Bolivia no reconocían
aún la victoria del candidato conservador, Felipe Calderón.
De no conseguir Calderón
juntar bajo su bandera intereses tan contrapuestos, la coalición
en su contra carecería de los apoyos fundamentales para
triunfar, como los institucionales, también podría
ser demasiado fuerte como para perderse simplemente por la inercia
de los tiempos.
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