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Año VII - Madrid, viernes 15 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
Fin de semana clave para la vida política mexicana
 
Conciliación o conflicto

David Penado

 

La asamblea en la que el líder opositor Andrés Manuel López Obrador, del Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha convocado a seguidores de todo el país en el Zócalo de la capital, marcará el rumbo que tomará el movimiento de resistencia que éste encabeza ante la designación del candidato conservador Felipe Calderón, del Partido de Acción Nacional (PAN), como presidente electo. Según todas las previsiones, el millón de personas aproximado que asistirá a la Convención, nombrará a Obrador "Presidente legítimo" con lo que coexistirían dos Presidencias al mando de la República.

Como paso previo, se ha avanzado hacia la distensión por parte de los partidos mayoritarios en el espectro político mexicano y tanto Obrador como el presidente Vicente Fox han renunciado a dar el grito con el que los mexicanos celebran la independencia en el Zócalo capitalino.

Fox ha cambiado la sede desde la que celebrará este acto a su estado natal de Guanajuato, donde Manuel Hidalgo inició la lucha por la independencia de España, y Obrador ha cedido a Alejandro Encinas, jefe de Gobierno del Distrito Federal, la responsabilidad de encabezar la ceremonia en la Plaza de la Constitución. Encinas liderará así la celebración de la independencia mexicana desde el edificio del Ayuntamiento del Gobierno del Distrito Federal y no desde Palacio Nacional.

Obrador ha dado además un paso adicional en favor de la conciliación, o al menos para no agravar el conflicto, cuando, en contra de lo que había declarado hasta ahora, anunció que el 16 de septiembre él y sus seguidores también permitirán que se desarrolle el desfile militar previsto a través de las calles en las que sus simpatizantes se mantienen movilizados permanentemente.

Además, Manuel Camacho Solís, coordinador de las redes de apoyo ciudadano a Obrador, ha anunciado que cree difícil que, una vez levantado, se vuelva a instalar el campamento que mantenía paralizado el centro de la capital. Una decisión en la que también influirá la menor afluencia que se registraba en la citada movilización permanente desde que se declaró a Calderón presidente electo.

Un paso atrás para tomar fuerzas. Sin embargo, tampoco se puede pensar que el PRD está dispuesto a renunciar definitivamente a la protesta, más bien al contrario: todo apunta a que su intención es la de cambiar las formas de protesta. Si las movilizaciones habían suscitado hasta ahora un fuerte malestar entre la población mexicana y una fuerte pérdida de apoyos entre sus seguidores, la designación de un gobierno alternativo pretende ofrecer alternativas y acciones en positivo frente a los actos de mera protesta.

Después de que el portavoz del PRD, Gerardo Fernández Noroña, repitiese esta semana, como ya había anunciado hace dos semanas en una entrevista con Americaeconomica.com, que su partido estaba dispuesto a aceptar a Calderón a cambio de un recuento "voto a voto", la fracción del PRD en la Cámara de Diputados ha presentado un decálogo de acciones a seguir, en el cual destaca que no habrá negociación ni diálogo con el presidente electo, Felipe Calderón.

Ahora, el objetivo principal del PRD "generar la fuerza y las condiciones para que el país cambie y se transforme" en el marco de las decisiones tomadas por la convención nacional. Por ello, pretenden instalar un congreso que el PRD concibe como constituyente, "como camino para cambiar el régimen político, económico y social para construir una verdadera república democrática", y el objetivo final de "sepultar en la actual LX Legislatura al régimen presidencialista".

Está previsto entonces que en la citada convención se designe una sede donde desarrollará sus labores el nuevo gobierno y, probablmente, también decidirá darle un carácter itinerante; es decir, tendrá una sede en la capital, pero recorrerá todas las regiones de México.

Un escenario que, en principio, parece ilusorio, pero que podría comenzar a cobrar visos de verosimilitud si Felipe Calderón no consigue consolidar los movimientos a la unidad que ha comenzado esta misma semana.

Los equilibrios de Calderón. Calderón ha empezado así, a vertebrar su estrategia económica señalando la necesidad de mantener el rumbo económico, pero también de dar un impulso importante a la reducción de las desigualdades. Para ello, los principales objetivos del nuevo Ejecutivo serán avanzar en la la lucha contra la pobreza, la generación de empleos y acabar con la inseguridad pública. Es decir, asumir como propias algunas de las consignas de Obrador y del movimiento que éste encabeza.

Pero para ello Calderón tendrá que hacer un auténtico encaje de bolillos si quiere mantener unido a su propio partido y, al mismo tiempo, conseguir los apoyos que necesita del Partido Revolucianario Institucional (PRI). Algo que no parece fácil después de que las últimas reuniones que Calderón mantuvo con representantes del PRI levantasen los rumores de un posible distanciamiento entre Calderón y la cúpula panista, que incluso hubo de salir a negar esta posibilidad.

Mientras que desde el otro flanco, en el que se habrá de sustentar el próximo presidente, los gobernadores del PRI amenazaban al presidente electo con provocar su caída si su partido accedía a las pretensiones de la oposición de nombrar a un gobernador sustituto en el estado de Oaxaca ante la situación de desorden público en que éste se encuentra.

Calderón será el siguiente en caer, "porque no puedes dejar caer a uno y proteger al otro", señalaba Silverio Cavazos, gobernador de la región de Colima. Los representantes priístas exigían que en respuesta a su respaldo a la institución presidencial, "el Gobierno Federal actúase en auxilio del Gobernador Ruíz".

En definitiva, el futuro de las alternativas que con toda probabilidad presentará Obrador este fin de semana dependerán de la habilidad de Calderón para caminar entre dos aguas. Sólo así se hará realidad la pretensión panista de permanecer al margen de las acciones que insisten en ignorar a las instituciones como también ha hecho el Gobierno panista, al ignorar las declaraciones en las que los gobiernos de Venezuela y Bolivia no reconocían aún la victoria del candidato conservador, Felipe Calderón.

De no conseguir Calderón juntar bajo su bandera intereses tan contrapuestos, la coalición en su contra carecería de los apoyos fundamentales para triunfar, como los institucionales, también podría ser demasiado fuerte como para perderse simplemente por la inercia de los tiempos.

 
 

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