| El
golpe de Estado en Tailandia y las protestas callejeras en Hungría
han vuelto a generar un cierto clima de inestabilidad en unos
mercados financieros, que anhelan cada día más dejar de recibir las consecuencias de las tensiones geopolíticas.
Los sucesos de Tailandia se han
producido justo en el cierre de la cumbre del FMI y el Banco Mundial
celebrada en la ‘vecina’ Singapur. Allí, un
comunicado emitido por el director del FMI, Rodrigo Rato, recoge
que “estamos siguiendo la situación de forma muy
estrecha”, y que su impacto es por el momento “limitado”.
Limitado también es el calificativo
de diversos bancos de inversión al referirse a las consecuencias
del golpe de Estado de Tailandia, una situación que prevén,
¿o desean? que “no se contagie al resto de la región”.
La inestabilidad y la incertidumbre
no son del agrado de los inversores, y hoy las bolsas asiáticas
invirtieron su senda alcista. Los descensos alcanzaron el 0,98%
en el índice Nikkei japonés. La Bolsa de Tailandia
permaneció cerrada, y la divisa del país, el bath,
se depreció más del 1% en los mercados internacionales.
Este rebrote de inestabilidad se
produce en dos áreas, Asia y Europa del Este, que habían
vuelto a ganar la confianza de los inversores en los últimos
meses. Además, reabre el debate sobre la espectacular revalorización
de los mercados emergentes. Entre los mensajes lanzados por el
FMI durante la cumbre de Singapur se incluyó uno de prudencia
ante posibles turbulencias en mercados de países no desarrollados.
Además, los sucesos de
Tailandia concentran su impacto, al margen de en el sector turístico,
de forma casi exclusiva en empresas asiáticas. Las japonesas
Honda y Nissan han visto hoy paralizada la producción en
sus plantas de aquel país. En el caso de Hungría
es más destacada la presencia de grandes compañías
europeas, como Deutsche Telekom (4,5% de su ebitda de 2005), Vodafone
(1,2% de su clientes proporcionados), Banca Intesa (2% de sus
activos a través de CIB), y Nokia, que tiene en Hungría
su principal fábrica para el mercado europeo.
Por otro lado las crisis de Hungría
y Tailandia pueden suponer una tempestad para los otros mercados
emergentes, incluso para los todo poderosos BRIC (Brasil, Rusia,
India y China) que parecían recuperarse de las dificultades
de mayo y recuperar inversiones. En aquel momento, el resurgir
de las tensiones inflacionistas acentuó la aversión
al riesgo y las desinversiones en las bolsas de los países
del BRIC. Pero luego, y hasta hoy, la tónica alcista habitual
en el año volvía a consolidarse, y el índice
MSCI BRIC acumulaba una revalorización desde enero del
23,8%.
Este porcentaje supera con claridad
el rendimiento de las principales bolsas mundiales. Pero incluso
antes de las crisis de Hungría y Tailandia, este aumento
de rentabilidad estaba acompañado de un nuevo repunte de
la volatilidad.
El interés y la exposición
de los hedge funds en la zona, así como el desarrollo de
los primeros ETFs referenciados al BRIC contribuyen a redoblar
la volatilidad en estos mercados, dependientes a su vez de la
evolución cambiante de los precios energéticos.
La rentabilidad acumulada en 2006 por el índice MSCI BRIC,
el 23,8%, duplica con creces el 10,72% que logra el conjunto de
los mercados emergentes, englobados en el MSCI Emerging Markets.
Dentro de la zona BRIC, Brasil
se sitúa como la primera apuesta de los gestores, según
una encuesta realizada por Standard & Poor´s,
que sitúa como la segunda opción preferida en la
zona la inversión en India. |