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Año VII - Madrid, viernes 22 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
Néstor Kirchner y Bachelet buscan en Nueva York inversiones para su sector energético
 
Chile y Argentina, a la caza de energía

David Penado

 

El acceso y la disponibilidad de los recursos energéticos se encuentran detrás de la mayoría de los acontecimientos que han marcado la actualidad reciente en América Latina. Incluido el conflicto entre Chile y Argentina por la subida del precio del gas que el segundo exporta al país andino. Por ello, no es de extrañar que sus respectivos presidentes, Michelle Bachelet y Néstor Kirchner, hayan aprovechado el encuentro de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York para reunirse con potenciales inversores en el sector energético.

Mientras el presidente venezolano, Hugo Chávez, utiliza el respaldo que le otorga el petróleo para seguir fortaleciendo su protagonismo internacional, Bachelet y Kirchner han de ponerse manos a la obra para evitar los malos augurios que los advocan a la dependencia energética. También el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido esta semana de que pese al crecimiento actual, la volatilidad de los precios de las materias primas supone una amenaza. Un panorama que podría acabar con la bonanza de la que hoy por hoy son las dos economías de referencia de América Latina: Chile y Argentina.

Energía y control de la inflación. Primero fue el presidente argentino quien se reunió con destacados empresarios tanto en la Bolsa de Comercio de Nueva York como en el ámbito del Consejo de las Américas. Kirchner parecía responder así a la publicación de un trabajo del Departamento de Energía de EEUU que advertía de que Argentina sufrirá una crisis energética "en el corto plazo".

La causa de la futura crisis estaría en que "las empresas no están invirtiendo lo que invertirían si los precios de las tarifas de los servicios públicos fueran liberalizados". Por ello, la crisis se produciría en el corto plazo, ya que incluso de producirse la liberación total de las tarifas, tardaría en tener un impacto.

La inversión exterior sería entonces una buena alternativa ante las críticas de algunos de los empresarios y los inversores locales que consideran la política de Kirchner como poco amistosa hacia el mercado. Unas críticas que también coinciden con la posición del FMI respecto a la política de control de precios del presidente argentino, Néstor Kirchner.

Sin embargo, los motivos que Kirchner puede tener para mantener esta política son también de peso, ya que el control de precios fue la respuesta del Gobierno argentino a la crisis que generó la hiperinflación de 2002. Desde entonces, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, impulsa una estrategia de acuerdos de congelamiento de precios con las empresas. Una estrategia que es aplaudida por muchos argentinos.

Kirchner avanza por lo tanto hacia una solución de compromiso que le permita mantener la estrategia que hasta el momento es la clave de su popularidad, al garantizarle el control de la inflación, pero también empezar a solucionar el problemas que en el futuro sería depender plenamente de otros países en materia energética. Una dirección en la que apuntan las estadísticas del Departamento de Energía estadounidense, según las cuales tanto en lo que se refiere al petróleo, como al gas y a la electricidad, existiría una brecha importante entre el crecimiento de la demanda y el de la oferta.

Una brecha de la que sería razón y efecto la reciente suspensión de las exportaciones de gas argentino a Chile, que estaría también detrás del plan argentino de relanzar la energía atómica. Una medida que en Chile se ha empezado a debatir, si bien Bachelet se ha comprometido a no hacerlo durante su legislatura.

La determinación de Bachelet. La presidenta chilena, sin embargo, parece contar con otras respuestas, ya que cada vez que tiene ocasión aprovecha para remarcar su convencimiento de que Chile avanzará hacia la independencia energética.

La presidenta chilena también lo ha hecho en esta ocasión al tiempo que daba pasos para transformar la voluntad en realidad al reunirse con empresas privadas internacionales a las que animó a invertir en energía en Chile. Esta parada en Nueva York ha supuesto el primer paso de un recorrido que seguirá durante el próximo mes con reuniones con inversores del sector energético en Francia, Alemania y Australia.

"Queremos expandir nuestras capacidades. Tenemos una política que quiere ser autónoma para diversificar las fuentes energéticas. Chile es un gran país para invertir y el momento de planificar e invertir en la industria energética del futuro es ahora", señaló Bachelet.

La presidenta chilena ha intentado así atraer nuevos actores a un sector que por el dinamismo de la economía chilena requerirá incorporar por lo menos 300.000 gigavatios a su sistema para 2024, lo que se estima que supondrá una inversión de 10.000 millones de dólares (7.885,5 millones de euros).

El país andino importa casi la totalidad de los combustibles que consume (el gas y el petróleo aportan aproximadamente un 35% de la energía total de su sistema eléctrico), por lo que está expuesto a los vaivenes de los precios internacionales del petróleo y del suministro de gas natural de su único proveedor: precisamente, Argentina.

Por ello, de la suerte que corran los intentos de los mandatarios chilena y argentino, dependerá en gran medida el futuro económico de sus países. También su capacidad de influencia política: Líderes o vasallos.

 
 

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