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El acceso y la disponibilidad de los recursos energéticos
se encuentran detrás de la mayoría de los acontecimientos
que han marcado la actualidad reciente en América Latina.
Incluido el conflicto entre Chile y Argentina por la subida del
precio del gas que el segundo exporta al país andino. Por
ello, no es de extrañar que sus respectivos presidentes,
Michelle Bachelet y Néstor Kirchner, hayan aprovechado
el encuentro de la Asamblea General de las Naciones Unidas en
Nueva York para reunirse con potenciales inversores en el sector
energético.
Mientras el presidente venezolano, Hugo Chávez,
utiliza el respaldo que le otorga el petróleo para seguir
fortaleciendo su protagonismo internacional, Bachelet y Kirchner
han de ponerse manos a la obra para evitar los malos augurios
que los advocan a la dependencia energética. También
el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha advertido esta semana
de que pese al crecimiento actual, la volatilidad de los precios
de las materias primas supone una amenaza. Un panorama que podría
acabar con la bonanza de la que hoy por hoy son las dos economías
de referencia de América Latina: Chile y Argentina.
Energía y control de la inflación.
Primero fue el presidente argentino quien se reunió con
destacados empresarios tanto en la Bolsa de Comercio de Nueva
York como en el ámbito del Consejo de las Américas.
Kirchner parecía responder así a la publicación
de un trabajo del Departamento de Energía de EEUU que advertía
de que Argentina sufrirá una crisis energética "en
el corto plazo".
La causa de la futura crisis estaría en que
"las empresas no están invirtiendo lo que invertirían
si los precios de las tarifas de los servicios públicos
fueran liberalizados". Por ello, la crisis se produciría
en el corto plazo, ya que incluso de producirse la liberación
total de las tarifas, tardaría en tener un impacto.
La inversión exterior sería entonces
una buena alternativa ante las críticas de algunos de los
empresarios y los inversores locales que consideran la política
de Kirchner como poco amistosa hacia el mercado. Unas críticas
que también coinciden con la posición del FMI respecto
a la política de control de precios del presidente argentino,
Néstor Kirchner.
Sin embargo, los motivos que Kirchner puede tener
para mantener esta política son también de peso,
ya que el control de precios fue la respuesta del Gobierno argentino
a la crisis que generó la hiperinflación de 2002.
Desde entonces, el secretario de Comercio Interior, Guillermo
Moreno, impulsa una estrategia de acuerdos de congelamiento de
precios con las empresas. Una estrategia que es aplaudida por
muchos argentinos.
Kirchner avanza por lo tanto hacia una solución
de compromiso que le permita mantener la estrategia que hasta
el momento es la clave de su popularidad, al garantizarle el control
de la inflación, pero también empezar a solucionar
el problemas que en el futuro sería depender plenamente
de otros países en materia energética. Una dirección
en la que apuntan las estadísticas del Departamento de
Energía estadounidense, según las cuales tanto en
lo que se refiere al petróleo, como al gas y a la electricidad,
existiría una brecha importante entre el crecimiento de
la demanda y el de la oferta.
Una brecha de la que sería razón y
efecto la reciente suspensión de las exportaciones de gas
argentino a Chile, que estaría también detrás
del plan argentino de relanzar la energía atómica.
Una medida que en Chile se ha empezado a debatir, si bien Bachelet
se ha comprometido a no hacerlo durante su legislatura.
La determinación de Bachelet. La presidenta
chilena, sin embargo, parece contar con otras respuestas, ya que
cada vez que tiene ocasión aprovecha para remarcar su convencimiento
de que Chile avanzará hacia la independencia energética.
La presidenta chilena también lo ha hecho
en esta ocasión al tiempo que daba pasos para transformar
la voluntad en realidad al reunirse con empresas privadas internacionales
a las que animó a invertir en energía en Chile.
Esta parada en Nueva York ha supuesto el primer paso de un recorrido
que seguirá durante el próximo mes con reuniones
con inversores del sector energético en Francia, Alemania
y Australia.
"Queremos expandir nuestras capacidades. Tenemos
una política que quiere ser autónoma para diversificar
las fuentes energéticas. Chile es un gran país para
invertir y el momento de planificar e invertir en la industria
energética del futuro es ahora", señaló
Bachelet.
La presidenta chilena ha intentado así atraer
nuevos actores a un sector que por el dinamismo de la economía
chilena requerirá incorporar por lo menos 300.000 gigavatios
a su sistema para 2024, lo que se estima que supondrá una
inversión de 10.000 millones de dólares (7.885,5
millones de euros).
El país andino importa casi la totalidad
de los combustibles que consume (el gas y el petróleo aportan
aproximadamente un 35% de la energía total de su sistema
eléctrico), por lo que está expuesto a los vaivenes
de los precios internacionales del petróleo y del suministro
de gas natural de su único proveedor: precisamente, Argentina.
Por ello, de la suerte que corran los intentos de
los mandatarios chilena y argentino, dependerá en gran
medida el futuro económico de sus países. También
su capacidad de influencia política: Líderes o vasallos.
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