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Año VII - Madrid, viernes 22 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
La Cumbre del Noal termina sin incidentes
 
Rumores en La Habana

J. Jameson

 

Cuando han pasado casi dos meses desde que Fidel Castro cedió temporalmente sus poderes, los acontecimientos transcurridos y, especialmente, la evolución y la conclusión de la última Cumbre del Movimiento de los No Alineados (NOAL) han reforzado algunas impresiones iniciales de los analistas independientes: bajo la imagen de calma y normalidad que emana actualmente del entorno de quienes gestionan temporalmente la gestión del poder en la isla, se podría estar desarrollando una lucha ideológica entre dos grupos, más o menos diferenciados, que intentan situarse para la era post-Fidel y post-Raúl. Uno formado por las heterogéneas Fuerzas Armadas y, otro, que llegó a gozar del respaldo absoluto del comandante, al que la prensa ha bautizado ya como "Talibanes del Trópico".

A algunos hombres de negocios que visitan frecuentemente la isla les sorprende lo que pudiera ser una escasa participación del partido en la gestión del día a día político de este periodo.

La capacidad de gestión económica del Ejército, cuyo grupo empresarial ha servido como ejemplo para todo el tejido productivo público cubano, parece resultar más decisiva en la pugna que la fortaleza ideológica del conjunto de líderes de nuevo cuño y viejo fervor político que irrumpieron desde el púlpito de la Unión de Juventudes Comunistas, cuyo líder sería el ministro de Asuntos Exteriores, Felipe Peréz Roque.

Incluso, algún miembro de la disidencia interna ha hecho declaraciones a la prensa estadounidense y ha dicho que prefería que los generales pilotaran la transición. En ellos se atisban mejor las semillas de un cambio "a la china" que combinaría apertura económica con control político, idea que también, según algunos expertos, complacería a Raúl Castro.

Y la recuperación del general Ramiro Valdés como miembro del Gobierno, en la cartera de Informática y Tecnología, sería un símbolo del avance de estas fuerzas. Valdés fue ministro del Interior hace años. Además, en su último destino conocido, como máximo ejecutivo del Grupo de la Electrónica, ha establecido un núcleo de sólidas conexiones con China que avalarán su futuro.

Su ganancia es la pérdida de los hombres de Felipe Pérez Roque, miembro del “consejo de regencia”, pero con muy escaso protagonismo durante los dos últimos meses.

Y eso a pesar de que antes de la retirada temporal de Fidel, se llevó a cabo una reestructuración del partido que parecía consolidar definitivamente el ascenso de los Talibanes del Trópico, cuya irrupción tuvo lugar en mayo de 1999, cuando el actual canciller sustituyó en el cargo a Roberto Robaina. Y cuyo ascenso en las quinielas sobre los posibles sucesores de Fidel que se elaboran periódicamente se produciría sólo dos años después, según se cuenta con frecuencia en las calles habaneras, en junio de 2001.

Aquel día Fidel sufrió un desvanecimiento cuando pronunciaba un discurso ante 60.000 personas en el municipio habanero del Cotorro y fue Felipe quien dio el paso al frente y tranquilizó al público tras el incidente, mientras otros líderes más conocidos decidían quedarse atrás..

De hecho, Pérez Roque, antes de todo esto había sido jefe del Gabinete Personal del comandante y disfrutado de una cercanía con el presidente cubano similar a la que ahora tendría el discretísimo Carlos Villegas, a quien se conoce sobre todo por haber leído en televisión la nota escrita por Fidel en la que el líder comunicaba su retiro temporal.

La ascensión de Pérez Roque parecía imparable y con él también subían los otros talibanes.

Hasta que todo se frustró. La suerte del grupo empezó a cambiar, a tenor de lo que comentan algunos observadores, en diciembre de 2004. Ese mes tuvo lugar un Congreso de las Juventudes Comunistas en el que sucedieron varias cosas que sorprendieron a los expertos. Otto Rivero, que era entonces el secretario, dejaba el cargo para desempeñar un destino mejor. Fue nombrado vicepresidente del Gobierno para la Batalla de las Ideas, el último proyecto de regeneración ideológica de Fidel, que en lo económico supuso un paso atrás sobre las tímidas reformas de años anteriores. Pero contra todo pronóstico, su sucesor al frente de las juventudes no fue Hassan Pérez, otro notable miembro del grupo. Hassan se tuvo que conformar con el cargo de segundo secretario, ya que la cima fue ocupada por Julio Martínez, un hombre muy cercano a Raúl Castro y ajeno a la élite talibana.

Además, la gloria de Otto Rivero duró poco. Tan poco que su foto ni siquiera ha llegado a figurar nunca en la página web del Consejo de Ministros de Cuba, en la que ya puede verse el flamante nuevo retrato del recién nombrado Ramiro Valdés. Que se sepa, Rivero no ha sido nunca destituido, pero sí se ha visto forzado a mantener un silencio público, aparente.

La razón puede residir, según se dice en algunos ambientes habaneros, en un proceso que habría comenzado inmediatamente y que no se conoció hasta el mes de marzo de 2005. Entonces se supo que 12 talibanes que estaban trabajando en la “batalla de las ideas” habían sido encarcelados por corrupción. Todos muy cercanos a Rivero. Hasta hay quien dice que el propio vicepresidente Rivero, prácticamente recién nombrado, tuvo que declarar durante la investigación. En cualquier caso, este rumor jamás ha tenido una confirmación oficial.

 
 

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