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Año VII - Madrid, viernes 22 de septiembre de 2006
 
Reportaje
 
Un nuevo escándalo de corrupción en Brasil y el recrudecimiento de las negociaciones con Bolivia sacuden a Lula
 
Dolor de cabeza

Rodrigo Montero

 

Un caso reciente de corrupción que implica a políticos del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula que se disponían a comprar un dossier en el que se acusaba de corrupción al candidato opositor socialdemócrata Geraldo Alckmin, sumado al fuerte enfrentamiento entre autoridades bolivianas y brasileñas por la nacionalización de los hidrocarburos en el país andino han sacudido a Lula a tan sólo una semana de las elecciones presidenciales de Brasil. Aun así, el mandatario brasileño mantiene un liderazgo inamovible en las encuestas, con un 50% del respaldo electoral.

Esta semana, dos nuevas personas dejaron su cargo por la trama de un supuesto dossier que iba a ser utilizado para acusar a opositores de Lula de cara a las elecciones presidenciales brasileñas del 1 de octubre. El director del Banco Central de Brasil, Expedito Alfonso Veloso, abandonó su cargo mientras que el jefe del comité de campaña de Lula, Ricardo Berzoini, fue destituido por el presidente de Brasil.

Veloso dejó su cargo tras conocer que está siendo investigado por supuestas presiones a dos empresarios para que acusaran de corrupción al candidato socialdemócrata para el Gobierno del estado de Sao Paulo, José Serra.

Anteriormente otros dos altos cargos dejaron su puesto en los últimos días. El lunes pasado dimitió el asesor presidencial Freud Godoy y ayer abandonó su cargo un analista de medios del comité de campaña del PT de Lula, Jorge Lorenzetti.

El escándalo comenzó el viernes de la semana pasada, cuando fueron detenidos dos miembros del PT que esperaban recibir el dossier por el que iban a apagar unos 800.000 dólares (630.850 euros). El documento contenía acusaciones falsas contra Geraldo Alckmin y José Serra, candidatos del Partido de la Social Democracia (PSDB) a la Presidencia y a la Gobernación del estado de Sao Paulo.

Por otro lado, el conflicto entre Brasil y Bolivia se ha avivado más que nunca durante los últimos días. Lula advirtió el lunes al Gobierno de Evo Morales que Brasil no tiene razones para "hacer bravatas" a Bolivia, a la vez que indicó que si a los brasileños le colocan "la espada sobre la cabeza" con un posible corte del suministro de gas natural, los que sufrirán serán los bolivianos.

En una entrevista divulgada el lunes en el diario Folha de Sao Paulo, el mandatario brasileño señalaba que "hay personas en Brasil que dicen que Lula tiene que ser macho. Hay dos motivos para que uno demuestre su fuerza: una es cuando usted está débil y necesita hacer barullo, gritar, hacer bravatas. Ahora, cuando uno está fuerte, no necesita demostrar fuerza".

"Tengo nítida noción de la supremacía brasileña frente a Bolivia. Entonces, ¿por qué tengo que hacer bravatas?", aseguró Lula.

El mandatario brasileño añadió además que le daba "pena" que en Brasil determinados sectores políticos intentaran sacar provecho de la situación con Bolivia, a raíz de la nacionalización decretada el 1 de mayo por Evo Morales.

Por su parte, el recién nombrado ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Carlos Villegas, dijo también el lunes que la petrolera estatal brasileña, Petrobras, "no doblará la mano" al Gobierno de Evo Morales y deberá salir de Bolivia si no se somete a todas las disposiciones de la nacionalización de hidrocarburos.

Además, Villegas reiteró la continuidad en el proceso de nacionalización de los hidrocarburos en su país a pesar de la salida de la cartera del anterior ministro, Andrés Soliz, debido a las fuertes presiones de Petrobras.

Un día más tarde,Sergio Gabrielli, presidente de Petrobras, admitió que sus relaciones con Bolivia son "complejas" y que tienen cuatro frentes de negociación con su Gobierno, pero insistió en la insignificancia de las actividades en ese país para su cuenta de resultados.

Los negocios de Petrobras en Bolivia no le aportan "más que el 0,04%" de los beneficios, subrayó Gabrielli, en una entrevista publicada el miércoles pasado por el diario francés Le Figaro, en la que también afirmaba no estar sometido a una doble presión por parte del Gobierno brasileño y de sus accionistas a causa del contencioso con Bolivia.

"El Gobierno de Brasil controla Petrobras, sin ambigüedad. No hace nada contra los intereses de la empresa y además es la acción de la diplomacia brasileña la que nos permite negociar con las autoridades bolivianas, empeñadas en nacionalizar el sector de los hidrocarburos", aseguró.

El presidente de Petrobras explicó que Brasil discute con La Paz la imposición de sus actividades de producción y ha advertido de que aumentar la tasación del 50% al 82%, como quiere el Gobierno de Evo Morales, impedirá realizar nuevas inversiones.

Sobre la mesa ambas partes están negociando la indemnización por la nacionalización de las refinerías, el precio del transporte gestionado por la compañía estatal boliviana YPFB y las tarifas del gas boliviano.

Tan sólo queda una semana para que los brasileños decidan quién presidirá el país. Y todavía no se sabe a ciencia cierta si los escándalos de los últimos días marcarán los resultados definitivos.

 
 

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