| Un
caso reciente de corrupción que implica a políticos
del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula que se disponían
a comprar un dossier en el que se acusaba de corrupción
al candidato opositor socialdemócrata Geraldo Alckmin,
sumado al fuerte enfrentamiento entre autoridades bolivianas y
brasileñas por la nacionalización de los hidrocarburos
en el país andino han sacudido a Lula a tan sólo
una semana de las elecciones presidenciales de Brasil. Aun así,
el mandatario brasileño mantiene un liderazgo inamovible
en las encuestas, con un 50% del respaldo electoral.
Esta semana, dos nuevas personas
dejaron su cargo por la trama de un supuesto dossier que iba a
ser utilizado para acusar a opositores de Lula de cara a las elecciones
presidenciales brasileñas del 1 de octubre. El director
del Banco Central de Brasil, Expedito Alfonso Veloso, abandonó
su cargo mientras que el jefe del comité de campaña
de Lula, Ricardo Berzoini, fue destituido por el presidente de
Brasil.
Veloso dejó su cargo tras
conocer que está siendo investigado por supuestas presiones
a dos empresarios para que acusaran de corrupción al candidato
socialdemócrata para el Gobierno del estado de Sao Paulo,
José Serra.
Anteriormente otros dos altos cargos
dejaron su puesto en los últimos días. El lunes
pasado dimitió el asesor presidencial Freud Godoy y ayer
abandonó su cargo un analista de medios del comité
de campaña del PT de Lula, Jorge Lorenzetti.
El escándalo comenzó
el viernes de la semana pasada, cuando fueron detenidos dos miembros
del PT que esperaban recibir el dossier por el que iban a apagar
unos 800.000 dólares (630.850 euros). El documento contenía
acusaciones falsas contra Geraldo Alckmin y José Serra,
candidatos del Partido de la Social Democracia (PSDB) a la Presidencia
y a la Gobernación del estado de Sao Paulo.
Por otro lado, el conflicto entre
Brasil y Bolivia se ha avivado más que nunca durante los
últimos días. Lula advirtió el lunes al Gobierno
de Evo Morales que Brasil no tiene razones para "hacer bravatas"
a Bolivia, a la vez que indicó que si a los brasileños
le colocan "la espada sobre la cabeza" con un posible
corte del suministro de gas natural, los que sufrirán serán
los bolivianos.
En una entrevista divulgada el
lunes en el diario Folha de Sao Paulo, el mandatario brasileño
señalaba que "hay personas en Brasil que dicen que
Lula tiene que ser macho. Hay dos motivos para que uno demuestre
su fuerza: una es cuando usted está débil y necesita
hacer barullo, gritar, hacer bravatas. Ahora, cuando uno está
fuerte, no necesita demostrar fuerza".
"Tengo nítida noción
de la supremacía brasileña frente a Bolivia. Entonces,
¿por qué tengo que hacer bravatas?", aseguró
Lula.
El mandatario brasileño
añadió además que le daba "pena"
que en Brasil determinados sectores políticos intentaran
sacar provecho de la situación con Bolivia, a raíz
de la nacionalización decretada el 1 de mayo por Evo Morales.
Por su parte, el recién
nombrado ministro de Hidrocarburos de Bolivia, Carlos Villegas,
dijo también el lunes que la petrolera estatal brasileña,
Petrobras, "no doblará la mano" al Gobierno de
Evo Morales y deberá salir de Bolivia si no se somete a
todas las disposiciones de la nacionalización de hidrocarburos.
Además, Villegas reiteró
la continuidad en el proceso de nacionalización de los
hidrocarburos en su país a pesar de la salida de la cartera
del anterior ministro, Andrés Soliz, debido a las fuertes
presiones de Petrobras.
Un día más tarde,Sergio
Gabrielli, presidente de Petrobras, admitió que sus relaciones
con Bolivia son "complejas" y que tienen cuatro frentes
de negociación con su Gobierno, pero insistió en
la insignificancia de las actividades en ese país para
su cuenta de resultados.
Los negocios de Petrobras en Bolivia
no le aportan "más que el 0,04%" de los beneficios,
subrayó Gabrielli, en una entrevista publicada el miércoles
pasado por el diario francés Le Figaro, en la que también
afirmaba no estar sometido a una doble presión por parte
del Gobierno brasileño y de sus accionistas a causa del
contencioso con Bolivia.
"El Gobierno de Brasil controla
Petrobras, sin ambigüedad. No hace nada contra los intereses
de la empresa y además es la acción de la diplomacia
brasileña la que nos permite negociar con las autoridades
bolivianas, empeñadas en nacionalizar el sector de los
hidrocarburos", aseguró.
El presidente de Petrobras explicó
que Brasil discute con La Paz la imposición de sus actividades
de producción y ha advertido de que aumentar la tasación
del 50% al 82%, como quiere el Gobierno de Evo Morales, impedirá
realizar nuevas inversiones.
Sobre la mesa ambas partes están
negociando la indemnización por la nacionalización
de las refinerías, el precio del transporte gestionado
por la compañía estatal boliviana YPFB y las tarifas
del gas boliviano.
Tan sólo queda una semana
para que los brasileños decidan quién presidirá
el país. Y todavía no se sabe a ciencia cierta si
los escándalos de los últimos días marcarán
los resultados definitivos.
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