| Las
elecciones del domingo 1 de octubre decidirán quién
ha jugado mejor sus cartas, Lula o sus rivales, y si al final
se celebrará una segunda ronda el 29 de octubre, situación
que desean todos los núcleos de la oposición
Ante la proximidad de las elecciones
brasileñas, las últimas actuaciones tanto del actual
presidente de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, candidato a
la reelección por parte del Partido de los Trabajadores
(PT), como de sus rivales, el candidato del Partido Socialdemócrata
Brasileño (PSDB), Gerardo Alckmin, la senadora izquierdista,
Heloisa Helena Lima de Moraes, candidata de un frente de izquierda
radical bajo el nombre de Partido Socialista Solidaridad (PSOL),
y el candidato del pequeño Partido Democrático Trabalhista
(PDT), senador Cristovam Buarque, cobran cada vez más relevancia
para la población.
Por su parte, Lula ha asegurado
que, en caso de ganar los comicios el próximo 1 de octubre,
convocará “un gran pacto nacional”, el cual
incluirá a todos los sectores de la oposición, según
informó hoy el ministro brasileño de Relaciones
Institucionales, Tarso Genro. El ministro también afirmó
que este pacto general irá encaminado a lograr una nueva
reforma nacional. “Serán convocadas todas las fuerzas
democráticas para un gran pacto en torno a una profunda
reforma política y presupuestaria”, subrayó
Genro. La convocatoria incluirá también al Partido
de la Social Democrática Brasileña (PSDB), que mantiene
una relación tensa con el Gobierno desde el año
pasado, cuando estallaron los escándalos de corrupción
que persiguen a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT).
El ministro añadió
también que Alckmin, Serra, el ex presidente Fernando Henrique
Cardoso y toda la dirección nacional del PSDB, serán
convocados para dicho pacto. Según Genro, “ni siquiera
han de retirar lo que están diciendo ahora”, en una
clara alusión a los ataques que todos los líderes
del principal partido opositor están dirigiendo a Lula
durante la campaña, como, por ejemplo, el que le unía
con las bandas criminales de Sao Paulo.
Sin embargo, esta intención
de Lula, que en teoría podría afectar gravemente
a sus rivales en los comicios, se ha visto afectada por la ausencia
del presidente en el debate televisivo que se celebró el
pasado jueves en la televisión del país, una ausencia
que aprovecharon sus tres rivales para atacarle y acusarle de
no ir por no saber explicarse.
Gerardo Alckmin, el oponente más
peligroso para Lula, fue el más comedido de los tres, pues
simplemente se dirigió al pueblo brasileño para
pedirles que voten otra opción. “Mándele un
recado este domingo y cambie de presidente”, subrayó.
El candidato por el Partido Democrático
Trabalhista (PDT), rogó a los brasileños que, aunque
no le votasen a él ni a su partido, llevasen al actual
presidente a una segunda vuelta.
De cualquier modo, las mayores
críticas que recibió el asiento vacío vinieron
por parte de Heloisa Helena Lima de Moraes del PSOL. Además
de tacharle de “liquidador del socialismo”, en alusión
al aparente izquierdismo del presidente, sacó a relucir
un hecho polémico que tuvo lugar hace algunos meses en
un aeropuerto brasileño, donde a un militante del PT le
descubrieron varios fajos de billetes escondidos bajo el traje.
La conclusión de los tres
rivales fue la misma, y pidieron a la audiencia que se castigase
esta “falta de respeto hacia el electorado”, que suponía
la ausencia de Lula en el debate.
Tras las declaraciones del presidente
brasileño, que afirmaban que convocaría un pacto
nacional en caso de ganar las elecciones, y que muchos las interpretaron
como un fuerte golpe hacia la oposición, esta ausencia
en el debate televisivo puede haber neutralizado en parte la ventaja
que obtuvo Lula con la promesa electoral.
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