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La reducción de las bolsas
de pobreza en Brasil se presenta como el mayor activo electoral
del actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, para
las elecciones del próximo domingo. Si bien el presidente
no ha logrado cumplir íntegramente su compromiso de las
pasadas elecciones de que todos los brasileños tendrían
al menos tres comidas al día, sus programas sociales han
consalidado su popularidad entre los sectores más bajos
de la estructura económica. Sin embargo, la ortodoxa política
económica del Gobierno de Lula ha beneficiado también
a los empresarios, lo que en este caso no le ha bastado para garantizarse
su apoyo.
Tanto es así, que el ministro
de Hacienda, Guido Mantenga, ha criticado esta misma semana a
los empresarios que apoyan al líder opositor Geraldo Alckmin,
del Partido Socialdemócrata Brasileño (PSDB), ya
que, según Mantenga, ha sido durante el Gobierno del Partido
de los Trabajadores (PT) cuando "los empresarios han obtenido
mayores beneficios y facilidades para hacer negocios".
Mantenga respondía así
a una encuesta que reflejaba el incremento del apoyo entre el
sector empresarial a Alckmin, una situación que según
el ministro de Hacienda respondería al corporativismo social,
al pertenecer el líder opositor a la misma clase social
que la mayoría de los empresarios.
De ahí que el principal
activo de Lula sea la reducción del porcentaje de población
que vive en condiciones de pobreza en cinco puntos porcentuales
entre 2003 y 2005, una estrategia que persistirá este año,
según un estudio de la fundación privada Getulio
Vargas.
Pese a que el informe también
indica que todavía el 23% de los brasileños vive
en la extrema pobreza, con menos de 55 dólares (43,5 euros)
mensuales, las causas de su reducción suponen un refuerzo
para Lula, ya que parecen deberse a dos medidas concretas del
actual Gobierno: el aumento del salario mínimo y el principal
programa de ayuda social del Gobierno, denominado Bolsa-Familia.
La elección de apoyos:
pobres frente a empresarios. Sin embargo, pese a su éxito,
estas medidas ser parte de la causa del apoyo de los empresarios
a Alckmin. Así gran parte de los economistas que se han
pronunciado sobre el proceso electoral ha manifestado que independientemente
de quién gane las elecciones brasileñas el próximo
domingo, el candidato elegido deberá acelerar el ritmo
de crecimiento de la economía de Brasil. Entre las diversas
medidas que proponen destaca una: la limitación en la subida
del salario mínimo.
Otras medidas apuntan a una disminución
del gasto en pensiones y salarios de los funcionarios, la extensión
de una fuente crucial de ingresos tributarios y una mayor flexibilidad
en la administración del presupuesto.
La razón de fondo de estas
actuaciones sería responder al incremento del gasto del
Gobierno del actual presidente que lo ha hecho en un 14,8% este
año, reduciendo el superávit presupuestario primario
(del que se excluye el pago de intereses de la deuda externa)
hasta julio a un 4,33% del Producto Interior Bruto (PIB), la tasa
más baja en unos dos años.
"Dada el alza en los gastos
este año, el Gobierno tendrá que reducir el ritmo
del crecimiento de gastos en 2007. Eso es la primera cosa que
debe hacerse", ha dicho José Carlos de Faria, economista
jefe para Brasil del Deutsche Bank en Sao Paulo.
El gasto hasta ahora ha excedido
el alza del 11,1% en los ingresos tributarios y buena parte de
ello ha sido, precisamente, como resultado de una medida del Gobierno
para aumentar el salario mínimo por encima de la inflación.
El llamado incremento real del
salario repuntó al 13% en 2006 frente al 7,9% en 2005,
el 2,2% en 2004 y un 0,5% en 2003.
El incremento del salario mínimo
ha tenido así un efecto dominó en las finanzas públicas
de Brasil, debido a que los beneficios de la seguridad social
y los salarios de los empleados públicos se vinculan a
esas alzas salariales.
Como consecuencia, diversos informes
apuntan a que Brasil no está creciendo al mismo ritmo que
otras economías de la región. Aunque estos informes
también hablan "de un ambiente institucional ineficiente,
una cultura excesivamente burocrática y una economía
basada en la informalidad".
Así las cosas, según
parece, los grandes inversores siguen sin apostar por Lula, pese
a que se había dicho que éste, con su ortodoxia
económica, había conseguido ganarse su apoyo. También
pese a que el Consejo Monetario Nacional de Brasil ha anunciado
que reducirá el tipo de interés de largo plazo sobre
los préstamos para el desarrollo financiados por el Estado
a un mínimo histórico del 6,85% anual en el cuarto
trimestre. Una medida que apunta a impulsar la inversión,
según dijo el miércoles el ministro de Hacienda,
Guido Mantega.
Las cifras respaldan a Lula.
A lo largo de la semana, los bancos de inversión de EEUU
se retiraron del mercado brasileño, forzando una bajada
del real, para intentar disminuir la ventaja de Lula sobre su
rival y obligarle a presentarse a una segunda ronda en las elecciones
del país, y dar así una oportunidad de vencer a
sus rivales.
Sin embargo, probablemente los
bancos de inversión estadounidenses no tuvieron en cuenta
la reacción mecánica de las empresas del país,
que aprovecharon esta situación para vender dólares,
un movimiento que automáticamente provocó la recuperación
del real.
Además, a lo largo de la
semana se han presentado otras noticias positivas para el actual
Gobierno como la cifra récord que el sector público
de Brasil registró en el mes de agosto con un superávit
primario de 13.182 millones de reales (4.754,5 millones de euros).
Una cifra que sitúa el superavit primario en los últimos
12 meses en una cantidad equivalente al 4,47% del Producto Interior
Bruto (PIB), con lo que se sitúa por encima de la meta
fiscal del 4,25% del PIB marcada para este año.
Incluso la deuda líquida
total del sector público, que representa aún un
50,3% del PIB, se sitúa por debajo de la esperada por el
Banco Central para el cierre del año, un 50,5%.
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