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Todos los indicios apuntan a que
más pronto que tarde, la inestabilidad que vive México
por el rechazo de Andrés Manuel López Obrador, del
Partido de la Revolución Democrática (PRD), al resultado
electoral que reconocía a Felipe Calderón, del Partido
de Acción Nacional (PAN), como presidente electo y la deriva
de la protesta del gremio de maestros en el estado de Oaxaca en
una auténtica confrontación civil, acabarán
afectando el atractivo del país azteca de cara a los inversores
internacionales. Un país que, por otra parte, tampoco ha
hecho los deberes en el último año.
Los cambios estructurales pendientes.
En esa dirección apunta el último informe del Foro
Económico Mundial que en su índice de competitividad
sitúa a México en el puesto 58, mejorando tan sólo
una posición respecto al año anterior. El documento
también incide en que si bien el país azteca ha
mejorado en apartados como salud y educación, otros como
el crimen y la violencia resultando preocupantes.
Aunque el análisis se terminó
de realizar en abril, por lo que no toma en consideración
los últimos eventos de violencia en Oaxaca, ni midió
el clima pos-telectoral, el economista jefe del Foro Económica
Mundial, Augusto López-Claros, señala en sus conclusiones
que, sin duda, esta situación no ayudará a México
a mejorar en el ranking y atraer una mayor inversión internacional.
"La actitud del señor
López Obrador con relación a los resultados de la
elección crea una percepción del grado de desarrollo
del país, y lo que se ha visto de México en los
últimos meses no ha ayudado", ha señalado López-Claros.
El economista, incidió también
en que el futuro Gobierno de Calderón tendrá que
ocuparse de los problemas de corrupción y de inestabilidad.
"Uno ve en México una debilidad institucional, por
el funcionamiento del sistema judicial, por la confianza que tienen
la sociedad civil y la comunidad empresarial en la honestidad
de los políticos, y por los niveles de crimen o la eficiencia
de la Policía".
Además, el nuevo Gobierno
mexicano tendrá que hacer frente a otras tareas pendientes
como las señaladas por el regulador anti-monopolio de México,
la Comisión Federal de la Competencia (CFC), que ha dado
un primer toque de atención a los bancos y a los fondos
privados de pensiones (Afores) del país azteca por los
altos tipos de interés que imponen a sus clientes. Una
práctica bajo la que se escondería una situación
de falta de competencia en el sector financiero, que ya fue denunciada
el pasado mes por la Comisión Económica de las Naciones
Unidas para América Latina (Cepal).
Por todo lo anterior, no es de
extrañar que las primeras iniciativas que Felipe Calderón
ha presentado para su futuro Gobierno vayan en la dirección
de atajar los déficit estructurales señalados. Esta
misma semana, Calderón ha propuesto penas más severas,
incluso la cadena perpetua, para los delitos que más agravien
a la sociedad, como el secuestro.
En su propuesta de agenda nacional
que ha repartido a los diferentes partidos políticos, Calderón
señala que la ausencia de seguridad pública "ha
frenado la capacidad de progreso y desarrollo en el país,
ha erosionado la confianza e impedido la construcción de
capital social". Entre las medidas con las que pretende atajar
este problema se incluyen la depuración y profesionalización
de los cuerpos policíacos, ampliar el ámbito de
atribuciones de la policía preventiva; y establecer procedimientos
más ágiles de justicia penal, incluyendo los juicios
orales.
Oaxaca exige respuestas. Pero
probablemente antes de esta medida de fondo, el Gobierno mexicano,
aún presidido por Vicente Fox, tendrá que tomar
decisiones más urgentes. Esta semana, después de
que la directiva provisional de la Asamblea Popular del Pueblo
de Oaxaca (APPO) declarase un estado de "alerta roja",
con lo que se extendían a 2.000 los bloqueos nocturnos
a calles y avenidas de la periferia de la ciudad y se reforzasen
las barricadas colocadas en el Primer Cuadro del Centro Histórico,
se ha vivido una auténtica "noche de terror"
en el estado. Disparos, barricadas en llamas y el tráfico
descontrolado de vehículos han marcado el trascurrir de
la última noche.
Una respuesta brutal en su contundencia
al último intento del gobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz,
para mantenerse en el poder. El gobernador había hecho
una propuesta para finalizar con la huelga de maestros que inició
el conflicto. Cayó en saco roto. Posteriormente, Ruiz,
visitó junto al presidente nacional de su partido, el Partido
Revolucionario Insitucional (PRI), Mariano Palacios Alcocer, al
Secretario de Gobernación, Carlos Abascal, y posteriormente
al presidente electo, Felipe Calderón.
Las salidas que Ruiz presentó
al Gobierno federal fueron tres: el acuerdo político, un
paquete económico con autonomía presupuestaria y
el inminente envío de la Policía Federal Preventiva.
Sin embargo desde Oaxaca se reclama unánimemente su dimisión.
Pero esa medida amenazaría directamente al futuro Gobierno
de Calderón.
Ruiz y Calderón: destinos
paralelos. Once de los 17 Gobernadores del Partido Revolucionario
Institucional mexicano (PRI) dejaron claro esta semana que su
respaldo a Ulises Ruiz es firme. Los mandatarios pidieron así
al Gobierno federal no alentar ninguna salida política
al conflicto en el estado de Oaxaca que significase la dimisión
de Ruiz o la desaparición de poderes en la entidad.
Al término de una reunión
entre los goboernadores y el actual Gobierno, el secretario de
Gobernación, Carlos Abascal, anunció: "La salida
del gobernador no es un tema en la mesa de negociación"
y aclaró que, "si bien el uso de la fuerza pública
no ha sido considerado, tampoco es una idea descartada".
Se ponía así fin
a las especulaciones levantadas por Jorge Zermeño, presidente
de la Cámara de Diputados y miembro del partido gobernante,
que había apuntado que la renuncia del gobernador Ulises
Ruiz sería "bienvenida", si ello representaba
una salida al conflicto en Oaxaca.
Todo apunta entonces a una futura
intervención de la Policía Federal Preventiva en
Oaxaca, pero tampoco parece este el mejor clima para alentar la
inversión.
El futuro Gobierno. Sin
embargo, Felipe Calderón, sigue con sus planes de Gobierno
y en esta semana ha presentado también a su equipo de transición
y ha anunciado el itinerario de su primera gira internacional
que realizará a partir del 2 de octubre por cinco países
latinoamericanos: Guatemala, Costa Rica, Colombia, Chile y Brasil.
El objetivo de esta primera gira
es el de manifestar a América Latina la buena disposición
que existirá en el nuevo Gobierno para las relaciones bilaterales
y multilaterales, "sin hacer excepciones en las relaciones
con otros países", señaló el nuevo coordinador
del área de Relaciones Internacionales de Calderón,
Arturo Sarukhán.
Calderón ha formado su equipo
de personas con un mercado perfil panista. Se diferencia así
de lo que en su momento hizo Vicente Fox, quien integró
su equipo de transición con personas de diversas corrientes
e ideas políticas.
En el equipo de Calderón
se encuentran como miembros destacados además de Sarukhán,
Juan Camilo Mouriño, antiguo subsecretario de Energía
de Fox y ahora coordinador general de un grupo de 21 personas,
y Eduardo Sojo, coordinador del Gabinete económico de Fox
cuando éste fue gobernador de Guanajutato, como nuevo coordinador
de Políticas Públicas en la Presidencia.
Otros nombramientos son los de
Juan Molinar Horcasitas, que anteriormente fue coordinador de
información y análisis político del Comité
Electoral Central del PAN y fue consejero del Instituto Federal
Electoral, como coordinador de los foros para diseñar el
Plan Nacional de Desarrollo, y el de César Nava como secretario
particular de Calderón.
Ahora solo, falta por saber, todavía,
si la inercia de la inestabilidad en que se ha visto sumido México
en los últimos tiempos deja a Calderón llevar a
cabo sus planes. El portavoz presidencial, Rubén Aguilar,
lo tiene claro: "En este país estamos a años
luz de la ingobernabilidad".
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