| Lula
ha querido distanciarse de su partido, el Partido de los Trabajadores
(PT), a raíz del escándalo por chantaje que ha sacudido
la credibilidad del líder de cara a las elecciones presidenciales
brasileñas de este domingo. De esta forma, el mandatario
brasileño responsabiliza al presidente del PT, Ricardo
Berzoini, por la polémica del intento de compra de un dossier
que implicaba a la oposición en un caso de corrupción.
En una entrevista concedida esta
semana a tres radios de Sao Paulo y de Río de Janeiro,
Lula responsabilizó el lunes pasado a Berzoini del escándalo
desatado por el intento de adquirir por 860.000 dólares
(673.000 euros) un dossier con acusaciones de corrupción
contra el candidato socialdemócrata de la oposición
al Gobierno del estado de Sao Paulo, José Serra.
Asimismo, Lula afirmó que
los implicados en la compra de este documento son "un banda
de locos". Tras la crisis por la tentativa de compra del
dossier, Berzoini fue apartado de la coordinación de la
campaña para la reelección de Lula y fue sustituido
por Marco Aurelio García.
Mientras tanto, la oposición
brasileña no ha escatimado en críticas hacia el
mandatario brasileño, al que acusan de ser el "dedo
podrido" que escoge a los responsables de los delitos que
han escandalizado al país a pocos días de las elecciones.
Pero la polémica saltó
de nuevo al ruedo cuando la policía brasileña anunció
el miércoles que no podía detener a los seis sospechosos
del escándalo debido a que la ley electoral vigente prohíbe
las detenciones en los cinco días previos a las elecciones
y hasta 48 horas después de los comicios, que se celebrarán
este domingo, según ha informado la oficial Agencia Brasil.
Las seis personas implicadas en
este son Freud Godoy, antiguo miembro del equipo de seguridad
de la Secretaría de la Presidencia; Jorge Lorenzetti, ex
asesor de medios de la campaña para la reelección
de Lula; Oswaldo Bargas, del equipo responsable en la campaña
por el programa de Gobierno para un eventual segundo mandato;
Expedito Veloso, ex director de gestión del estatal Banco
de Brasil e integrante de la campaña de Lula; Gedimar Passos,
ex agente de la Policía Federal; y Valdebran Padilha, otro
miembro del equipo de campaña de Lula.
La orden de detención de
los sospechosos fue emitida el martes por la tarde por el Ministerio
Público, lo que motivó las críticas del presidente
de la Orden de Abogados de Brasil, Roberto Busato, quien dijo
que "ya se sabía que tales ordenes no podían
ser cumplidas debido a la legislación electoral".
Dos de los sospechosos, el ex agente
Passos y Padilha, fueron detenidos por la policía el 15
de septiembre en una habitación de un hotel en Sao Paulo
con 770.000 dólares (606.000 euros) que, según las
autoridades, iban a ser destinados al pago de unos informes que
comprobarían que varios opositores socialdemócratas
estaban vinculados en un millonario fraude en la venta de ambulancias
a municipios.
A pesar de todo, la popularidad
de Lula se ha mostrado intacta en las últimas encuestas,
según las cuales el presidente revalidará su cargo
en la primera vuelta con un 50% de los votos. Pero los últimos
acontecimientos han erosionado la imagen del actual presidente
y las consecuencias electorales de estos hechos son impredecibles.
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