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Las dudas sobre la solvencia de los grandes bancos
estadounidenses no se disipan cuando está apunto de cumplirse
un año de la quiebra de Lehman Brothers, debido a la
excesiva dependencia de la financiación mayorista que
tienen aún las entidades.
Según The Economist, uno de los factores comunes que
presentaban los bancos a los que la crisis crediticia se llevó
por delante era su excesiva dependencia a los mercados mayoristas
de financiación. Con la fuerte expansión del sistema
financiero mundial en las dos últimas décadas,
los activos de la banca pasaron a representar 2,5 veces sus
depósitos, obligando a las entidades a buscar modos alternativos
de financiación, en muchos casos a corto plazo.
El estadounidense Bear Stearns y el británico Northern
Rock son dos ejemplos. Ambos quebraron cuando sus contrapartes
se negaron a refinanciar sus deudas. Lo mismo le ocurrió
a Lehman Brothers, a pesar de que el banco tenía unos
altos ratios de capital. La actuación de los bancos centrales,
inyectando liquidez en el sistema, evitó males mayores.
Por eso, ahora los reguladores, con Basilea al frente, quieren
introducir nuevas medidas de liquidez. Sin embargo, estas medidas
generan dudas. Un sistema de financiación más
estricto, basado en los depósitos, podría tener
implicaciones devastadoras en la propia economía, ya
que limitaría en gran medida la capacidad de los bancos
para conceder créditos.
Depósitos. Mientras se debaten las posibilidades,
el problema se agrava cada vez más. Pese a los esfuerzos
de las entidades por aumentar sus ratios de capital, y reducir
su dependencia de la financiación mayorista impulsando
la captación de depósitos, las diferencias con
el sistema anterior son muy escasas. En los ocho grandes bancos
comerciales de EEUU, la financiación de alta calidad
ha pasado a representar de un 78% a un 80%. Goldman Sachs y
Morgan Stanley, los dos bancos de inversión que han sobrevivido
a la crisis, todavía dependen de la financiación
a corto plazo.
Reino Unido. El fenómeno no es exclusivo de la banca
estadounidense. Así, el grupo británico Lloyds
tiene actualmente más de la mitad de su financiación
total a un vencimiento inferior a un año.
Greenspan cree que las entidades americanas necesitan más
capital. Uno de los que más han insistido en que la crisis
financiera está lejos de haber terminado es Alan Greenspan.
El ex presidente de la Reserva Federal señaló
recientemente durante una video-conferencia en Bombay que los
bancos estadounidenses necesitan más capital que el que
tienen actualmente. “Incluso en tiempos en los que no
hay crisis, es necesario tener mayores reservas que las actuales”,
defendió Greenspan, que estuvo al frente de la Fed durante
18 años hasta que en 2006 fue sustituido por Ben Bernanke.
Estas declaraciones se producen después de que el pasado
fin de semana los ministros de economía del G-20 acordaran
en una reunión en Londres un mayor endurecimiento de
la regulación financiera, y abriesen la puerta a la posibilidad
de exigir a los bancos mantener unos ratios de capitalización
más altos en periodos de expansión económica.
Liquidez. Greenspan se refirió también
a las masivas inyecciones de liquidez que los bancos centrales
de todo el mundo se han visto obligados a realizar desde que
la quiebra de Lehman Brothers paralizó los mercados mayoristas.
A su juicio, la retirada de esta liquidez es un proyecto “crítico”,
pero estimó que “tiene que hacerse” de manera
obligatoria. Sobre las burbujas en determinados sectores, el
ex presidente de la Reserva Federal destacó que el problema
no es identificarlas, sino desactivarlas sin lastimar la expansión
económica.
La banca europea necesita inyecciones de 375.000 millones. Los
temores no se centran sólo en la financiación,
sino que los reguladores quieren impulsar también unas
exigencias más altas de capital que las actualmente existentes.
En ese sentido, los ingentes rescates llevados a cabo por las
administraciones Bush y Obama en el sector financiero estadounidense
desde que se inició la crisis colocan a la banca de la
mayor economía del mundo en ventaja respecto a su homóloga
de Europa, donde la falta de una verdadera política común
y las reticencias de los propios bancos a perder su independencia
han colocado en una situación comprometida sus ratios
de solvencia.
La crisis financiera sigue haciendo mella en los bancos de la
Europa continental, que podrían necesitar al menos unos
375.000 millones de dólares de capital adicional para
alcanzar unos ratios saludables, según cálculos
realizados en base al Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta
cifra es un 26,7% superior a los 275.000 millones que necesitarían
los bancos estadounidenses y triplica las necesidades de capital
de las entidades del Reino Unido (125.000 millones).
Ampliaciones. La banca de la Europa continental
ha seguido desde que se inició la crisis una estrategia
para reforzar su capital basada sobre todo en aumentar sus reservas
gracias a la fortaleza de sus ingresos, en desprenderse de algunos
activos y en recortar el dividendo. Frente a este modelo, los
bancos británicos y estadounidenses se han lanzado a
realizar ingentes ampliaciones de capital, en muchos casos suscritas
por los Bancos centrales. Así, los bancos europeos continentales
han realizado ampliaciones de capital en lo que va de año
por valor de 11.600 millones de dólares, según
datos de Dealogic, frente a las ampliaciones de 48.300 millones
de dólares llevadas a cabo en EEUU y de 26.000 millones
en Reino Unido.
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