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Chile: Lagos o Lavín.
Dos políticas económicas
César
Yáñez
Profesor titular de Historia
Económica Mundial y de América Latina en la Universidad
de Barcelona
Este artículo pretende
contrastar el desempeño de la economía chilena durante
los últimos diez años (1990-1999), en que el país
sudamericano ha vivido una polémica transición a la
democracia, con los resultados de la economía durante la
época de la dictadura militar de Pincohet (1973-1989).
La comparación
que se propone en este trabajo es importante, ya que ha sido habitual
en los últimos años atribuir los logros de la economía
chilena a la política económica aplicada durante el
gobierno de Pinochet, cuestión dudosa, y también es
relevante por el contexto preelectoral que se vive en Chile, ya
que el próximo 12 de Diciembre se celebran elecciones presidenciales.
En estos comicios, sin duda trascendentes para las expectativas
de desarrollo de Chile, se enfrentan dos candidatos con opciones
de acumular la mayoría de votos tras sus propuestas: Ricardo
Lagos representa la coalición de centro-izquierda que ha
conducido los gobiernos de la transición, en los que ha desempeñado
las carteras de Educación y Obras Públicas durante
los gobiernos de Aylwin y Frei respectivamente; y Joaquín
Lavín, exalcalde de la elegante comuna de Las Condes, que
reúne tras de suyo a los grupos políticos opositores
que se identifican con el gobierno del General Pinochet.
La evolución del
Producto Interior Bruto (PIB) durante los últimos diez años
de gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia,
demuestra un desempeño extraordinariamente positivo, con
un promedio de crecimiento anual del orden del 6,7% entre 1990-1999,
lo que comparado con los resultados de la etapa 1973-1998 (3,2%),
refleja el acierto en el manejo económico durante los años
de la transición. No hay antecedentes en la historia económica
chilena de resultados mejores.
Además de los buenos
promedios del PIB, cabe destacar la estabilidad de los índices
de crecimiento, ya que en estos diez años no se ha bajado
del 3 % de expansión del PIB, en comparación con la
época anterior en que se jalonaron recesiones del -12,9 y
-14,1% en los años 1975 y 1982 respectivamente con los años
de bonanza. La exigencia de superar el atraso económico requiere
de crecimientos constantes y de largo plazo, lo que al parecer se
está cumpliendo mejor en la actualidad que en el pasado.
Ciertamente que el último
año ha sido difícil para la economía chilena.
Durante once meses el producto ha caído como consecuencia
de la recesión de las economías asiáticas,
hacia donde Chile envía una tercera parte de sus exportaciones,
y el efecto acumulado de la reducción del precio del cobre,
principal producto de exportación del país andino.
También parece haber consenso en que el Banco Central aplicó
un sobreajuste que ha retrasado la recuperación. Pero los
indicadores del mes de septiembre anuncian la recuperación
de la senda de la expansión del PIB y la creación
de empleo, con la resultante reducción de las tasas de paro.
El optimismo respecto del futuro viene avalado además por
la opinión de Rudiger Dornbusch, principal experto del Massachussets
Institute of Technnologie (MIT) en materia de economía internacional,
quién en su reciente visita a Chile afirmó que había
terminado el periodo recesivo, al tiempo que anunciaba el repunte
de la inversión junto con la mejora de la competitividad
de las exportaciones, producto de la revalorización del dólar.
Si el PIB se ha comportado
de esta manera, la causa es el buen comportamiento de la inversión.
En el periodo 1990-1999 la tasa de inversión anual como porcentaje
del PIB se alzó al 27,9%, y consiguió niveles históricos
entre 1995 y 1998, cuando la inversión superó la cota
del 30% anual. En contraste, durante la época del gobierno
militar la tasa de inversión anual llegó al 18,7%
del PIB. En los años que lleva Chile de transición,
la inversión ha sido casi un 50% superior al periodo precedente.
Es importante señalar,
asimismo, que el ahorro nacional ha ganado importancia como componente
de la inversión. Entre 1990 y 1999 la tasa de ahorro nacional
llegó al 21,7 %, frente al 11,6 de la años 1973-1989.
Es notable observar como, durante la época de 1980 a 1986
la inversión se financió mayoritariamente con ahorro
externo, en comparación con el periodo 1990-1999 en que las
inversiones han contado con un piso seguro en la capacidad de ahorro
nacional, lo que sumado a la llegada de inversión extranjera
han llevado la capitalización de Chile a niveles sin precedentes.
Las cotas de inversión
logradas durante la transición son un indicador del buen
funcionamiento del mercado de capitales durante los últimos
diez años, y señal de la confianza que los empresarios
nacionales y extranjeros han depositado en la institucionalidad
económica chilena. No es un hecho de menor importancia el
que Chile sea señalado como el país con menor corrupción
en América Latina, y el que muestra mejores índices
de "riesgo país" en la región, según
las corporaciones internacionales encargadas de su medición.

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Por otra parte, la confianza
ganada en la gestión económica ha tenido resultados
a su vez en el control de la inflación, mal endémico
en la historia económica chilena. Baste decir que hace 25
años Chile estaba en cotas de inflación que superaban
el 300% anual (años 1974 y 1975), y que actualmente el IPC
no supera el 3%. El declive en la tendencia de los precios ha sido
gradual: entre 1974 y 1981 el IPC se situó en 96,4 % promedio,
bajó al 19,7 entre 1981 y 1989, para situarse en el 10 %
entre 1990 y 1999.
El verdadero relieve de
la evolución histórica del IPC chileno se detecta
comparando los precios con el PIB. Hasta 1990 el alza de precios
superaba con mucho la expansión del producto, con efectos
desastrosos cuando se combinaba recesión con inflación,
como ocurrió el año 1982 en plena crisis de la deuda
externa. Durante la transición, por el contrario, los planes
de ajuste llevados a cabo por el Banco Central (institución
independiente) consiguieron simultanear el control de la inflación
con el crecimiento de la economía, logrando por primera vez
en la historia que el PIB creciera más que los precios entre
1995 y 1997. Las previsiones actuales son que en el año
2000 el producto crezca en torno al 5 % y el IPC no suba del 3 %,
renovando la tendencia apuntada tres años antes.
La acción del gobierno
ha sido importante en el control de la inflación. La disciplina
fiscal de los gobiernos de la transición ha sido ejemplar.
Durante los últimos años, a excepción del presente
ejercicio en el que se ha acusado la crisis asiática, el
sector público ha tenido superávit en sus cuentas
del orden del 2 %, lo que ha tenido efectos directos sobre la contención
de precios, pero también indirectos, mediante el efecto de
demostración que la disciplina pública ha tenido sobre
el sector privado, estimulando el ahorro y potenciando el control
de precios.
A pesar de la severidad
aplicada al gasto público, los logros de la política
social han sido importantes. La pobreza en los últimos diez
años se ha reducido a menos de la mitad: en 1989, último
año del gobierno militar, en Chile había un 44 % de
familias con ingresos menores a la línea de pobreza, y en
la actualidad se ha rebajado hasta el 20 %. Los salarios
reales se han incrementado a una tasa promedio del 3,9 anual, mientras
que durante la dictadura se incrementaron sólo al 2,3 % cada
año. En lo que se refiere al salario mínimo, en términos
reales en pesos de 1998, en 1973 era de 45.479 pesos anuales y en
1989 apenas alcanzaba a los 48.405 pesos, lo que representa un incremento
del 6 % en 17 años; por el contrario, en 1999 el salario
mínimo real llega a 87.029 pesos, lo que significa una mejora
del 81 en una década a favor de los asalariados.
En el mismo sentido, a
pesar de las restricciones presupuestarias que ha asumido el gobierno
para contener la inflación, el gasto en salud, educación
y vivienda
en 1998 era casi un 80
% mayor que en 1989. Incluso es posible observar que el gasto social
durante la etapa de gobierno militar, pasó de 105,8 a 96,1
mil pesos de 1998 por habitante y año, signo de la escasa
prioridad que el gobierno de Pinochet asignó a la solución
de los problemas sociales. Por el contrario, en 1998, el gobierno
gastó 177,7 mil pesos por habitantes en educación,
salud y vivienda.
Desde el punto de vista
económico, entonces, si en las elecciones del 12 de diciembre
lo importante es decidir entre dos opciones de política económica
que han tenido antes la oportunidad de demostrar su efectividad,
parece obvio sostener la idoneidad de que la política económica
aplicada durante los diez años de transición tengan
continuidad.

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