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El candidato socialista
reestructura su campaña
Lagos aprieta
el acelerador ante la segunda vuelta chilena
El socialista Ricardo
Lagos no pudo imponerse en las urnas al derechista Joaquín
Lavín en las elecciones chilenas del pasado 12 de diciembre.
Se cumplieron los pronósticos de los analistas, que apuntaban
a la celebración de una segunda vuelta, que tendrá
lugar el próximo 16 de enero.
Lagos, de la Concertación
de Partidos por la Democracia, era el candidato que las encuestas
señalaban como ganador en los pasados comicios. Efectivamente,
el símbolo de la izquierda chilena obtuvo más votos
que su oponente, pero la diferencia entre ambos fue muy escasa.
Lagos se hizo con el 48% de los votos, mientras que su oponente
Lavín, de la Alianza por Chile, consiguió el
47,5%.
Ricardo Lagos ha visto
las orejas al lobo en esta primera vuelta, y ha decidido prepararse
a conciencia para la batalla definitiva del 16 de enero. Una de
sus primeras medidas ha sido la reestructuración de su campaña
electoral, que ha comenzado con el nombramiento de Soledad Alvear,
ministra de Justicia hasta el pasado martes, como directora de campaña.
Alvear dejó su cargo precisamente para ponerse al frente
del equipo que tratará de encumbrar al socialista a la Presidencia
de Chile. La ex ministra puso como condición poder disponer
de amplios poderes y entrar en el grupo de Lagos acompañada
por algunos de sus colaboradoradores en la cartera que dejaba.
Pero el cambio de aires
de la campaña no está exento de polémica. La
sustitución de la responsable de la propaganda televisiva
de la Concertación, Manuela Gumucio, por el sociólogo
Eugenio Tironi, ha provocado airadas críticas dentro de la
agrupación política. Pero la raíz más
profunda de este problema es el enfrentamiento entre el responsable
de comunicación de la Concertación, Carlos
Ominami y el sociólogo Tironi. A pesar de todo, Ricardo Lagos
tiene como una de las principales bazas de su campaña su
pasado anti pinochetista. El hecho de haber sido un hombre perseguido,
que ha visto la cárcel acusado de un atentado contra Pinochet,
provoca que muchos chilenos le identifiquen con la figura y los
ideales del mítico Salvador Allende. Al aliancista Joaquín
Lavín le sucede lo contrario. La derecha pinochetista se
ha sentido ampliamente representada en su campaña, a pesar
del rechazo inicial del ex dictador, que advirtió de su juventud
e inexperiencia de gobierno.
Los programas.
En cuanto a los programas, el candidato socialista ha basado su
campaña en la necesidad de mejorar la distribución
de los ingresos y en la promesa de hacer que Chile "crezca
con igualdad". Pero sus contrincantes piensan que su Gobierno
provocará el mismo caos económico que Chile experimentó
bajo el mandato de Allende.

El pinochetista Joaquín
Lavín asegura que más que política lo que pretende
es que dar una respuesta eficaz a "los temas que le interesan
a la gente" y considera como sus prioridades "ganarle
al desempleo, a la delincuencia, a la contaminación".
Sus detractores le acusan de populista. Si hay algo en que los dos
candidatos coinciden es en la necesidad de que el senador Pinochet
sea juzgado en Chile.
Ricardo Lagos postula
una economía basada en la moderación y en el control
del gasto. Mientras que Joaquín Lavín insiste en que
el mercado no será la pieza clave en su gobierno, sino que
tratará de hacer de Chile un país más solidario.
De hecho, Lavín insiste en que tiene una clara vocación
solidaria, algo que sus contrincantes ponen en duda. Estos enfatizan
la vinculación del candidato derechista con el gran capital.
El pinochetista se presenta
como el verdadero artífice del cambio en un Chile que, a
su entender, está dominado por la Concertación
y necesita un cambio radical. En cualquier caso, Chile tendrá
que esperar ya al nuevo año para saber quién dirigirá
sus riendas.
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