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Victoria del continuismo en las
elecciones de Uruguay
La Corte electoral de
Uruguay ha proclamado presidente electo de Uruguay a Jorge Batlle,
candidato del centro-derechista Partido Colorado, que venció
en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales uruguayas
celebradas el pasado 28 de noviembre. Batlle obtuvo 1,138 millones
de votos, lo que representa el 51,5% de todos los emitidos, frente
al 44% de su rival, Tabaré Vázquez.
La victoria del veterano
Batlle fue posible gracias a su alianza con el Partido Nacional
(o Blanco). Ambos grupos son rivales históricos
desde hace más de un siglo, pero han tenido que juntar sus
fuerzas para derrotar al gran protagonista de estos comicios, el
izquierdista Tabaré Vázquez, de Encuentro Progresista-Frente
Amplio de Tabaré Vázquez. Este partido logró
imponerse con un 40% de los votos en la primera vuelta, celebrada
el pasado 31 de octubre, con una victoria histórica que colocó
a una fuerza de izquierda tocando el cielo del poder por vez primera
en más de cien años.
Sin embargo, la alianza
entre blancos y colorados y la ley electoral vigente en Uruguay,
que obliga a una segunda vuelta cuando el vencedor no acapara más
del 50% de los votos emitidos, se confabularon contra la vertiginosa
ascensión de la izquierda.
Ni la personalidad del
Dr. Vázquez, reputado médico oncólogo, ni la
identificación del Frente Amplio con quienes sufrieron
las cruentas dictaduras del país, pudieron hacer nada contra
el peso de los dos grupos históricos.
Ambigua victoria. Precisamente
esta alianza blanco-colorada es el primer escollo que se
presenta en la carrera gubernamental de Jorge Batlle. Parece difícil
que Uruguay tenga una gobernabilidad sin sobresaltos durante la
nueva legislatura. El equilibrio entre el Partido Blanco y
el Colorado es débil. En primer lugar, se trata de
los dos grandes partidos históricos en Uruguay, que se han
alternado en el poder desde el siglo XIX. En segundo lugar, el acuerdo
entre ambos es circunstancial, y buscaba, ante todo, frenar la carrera
del Frente Amplio. Así, la misma alianza que llevó
a Batlle a la victoria pone en duda la estabilidad de su Gobierno,
según apuntan varios analistas. Frente a ésto, destaca
la veteranía y la experiencia de Jorge Batlle, que a sus
77 años proviene de una familia con solera en el universo
político uruguayo, y más concretamente en el Partido
Colorado.
No está claro qué
papel desempeñará Tabaré Vázquez en
la oposición, ya que el propio hecho de la cohabitación
en el Ejecutivo de los dos grandes partidos puede favorecer sus
actividades opositoras o restarles importancia ante las propias
divisiones en el seno del Gobierno.
Tranquilidad de los inversores.
En cuanto al plano económico, se espera que Batlle continúe
con el programa actualmente vigente en Uruguay. Los analistas esperan
que prosiga la puesta en marcha de reformas estructurales, así
como el mantenimiento de una política fiscal rigurosa, con
un bajo déficit fiscal. Todo ello tendría como consecuencia
un crecimiento ligero el año próximo. Algunos expertos
considera que uno de los aspectos positivos del nuevo Gobierno será
precisamente la continuidad de una política fiscal disciplinada
y de control de la inflación, y afirman que el continuismo
del centro derecha en el poder es bien visto por los inversores
y el sector privado, aunque no sea tan esperanzador desde el punto
de vista social.
Chile también vota.
Mientras que Uruguay se debate entre los interrogantes de la gobernabilidad,
Chile acudea las urnas en unas elecciones marcadas por la indecisión.
Según una encuesta publicada el 7 de diciembre por el Centro
de Estudios de la Realidad Contemporánea, el vencedor de
los comicios sería el socialista Ricardo Lagos de la Concertación
de Partidos por la Democracia, con un 48% de los votos, mientras
que el derechista Joaquín Lavín, de la Alianza
por Chile, obtendría el 41%. Con estos resultados, la
segunda vuelta parece asegurada, y tendría lugar el próximo
16 de enero del 2000.
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