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La
inversión directa en América Latina y sus repersusiones
en el poder político
César Yañez (*)
El último informe de la Comisión Económica
para América Latina y el Caribe (Cepal) sobre la inversión
extranjera en la región pone de manifiesto que, a pesar de
que los años 1998 y 1999 han sido difíciles por el
efecto de la crisis financiera internacional, la región ha
seguido recibiendo cantidades crecientes de Inversión Extranjera
Directa (IED). Una mirada a las cifras de la segunda mitad de la
década de 1990, deja ver que entre 1995 y 1999 la IED se
ha incrementado en un 166 %, pasando de 32.182 millones de dólares
a 85.920 millones de dólares según estimaciones aportadas
por los Bancos Centrales latinoamericanos a Cepal.
Ingresos
netos de Inversión Extranjera Directa en América Latina
1995-1999
|
|
1995
|
1996
|
1997
|
1998
|
1999
|
|
1.Centroamérica y el Caribe
|
2.005
|
2.108
|
4.251
|
5.776
|
5.500
|
|
2.Centros Financieros del Caribe
|
2.427
|
3.119
|
4.513
|
6.486
|
5.000
|
|
3. ALADI
|
27.750
|
41.416
|
60.640
|
64.465
|
75.420
|
|
Argentina
|
5.279
|
6.513
|
8.094
|
6.150
|
21.000
|
|
Bolivia
|
393
|
474
|
731
|
872
|
800
|
|
Brasil
|
4.859
|
11.200
|
19.650
|
31.913
|
31.000
|
|
Chile
|
2.957
|
4.637
|
5.219
|
4.638
|
8.900
|
|
Colombia
|
969
|
3.123
|
5.703
|
3.038
|
350
|
|
Ecuador
|
470
|
491
|
695
|
831
|
470
|
|
México
|
9.526
|
9.186
|
12.831
|
10.238
|
10.000
|
|
Paraguay
|
155
|
246
|
270
|
256
|
100
|
|
Perú
|
2.000
|
3.226
|
1.785
|
1.930
|
1.500
|
|
Uruguay
|
157
|
137
|
126
|
164
|
100
|
|
Venezuela
|
985
|
2.183
|
5.536
|
4.435
|
1.200
|
|
TOTAL: 1+2+3
|
32.182
|
46.643
|
69.404
|
76.727
|
85.920
|
Fuente: Cepal.
Datos en millones de dólares.

Sin embargo, no toda la región se ha beneficiado por
igual de los flujos de IED. Las economías grandes, Argentina,
México, Chile y sobre todo Brasil, concentran el 82 % de
las inversiones de la región, como señala Cepal. Cabe
destacar que son esos países, eliminando México y
agregando Bolivia, los que han concentrado la expansión de
la IED durante los últimos 5 años. Por el contrario,
en Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela,
los restantes países de la Asociación Latinoamericana
de Integración (Aladi), la IED se ha estancado o ha decrecido.
Resulta evidente que las economías grandes representan
una mejor oportunidad para la penetración de las empresas
transnacionales, por la dimensión de sus mercados y su capacidad
exportadora, así como por la escala de sus procesos de privatización
y fusiones empresariales. Pero vale la pena llamar la atención
sobre factores de gobernabilidad que pudieron también incidir
sobre los flujos de inversión internacional.
Después de todo, Chile es una economía de tamaño
medio en América Latina y ha pasado de recibir 2.957 millones
de dólares a 8.900 millones, y Bolivia que es una economía
pequeña lo hizo de 393 a 800 millones de dólares.
Todo sugiere que lo que buscan los inversores internacionales son
condiciones de seguridad y confianza para tomar sus decisiones.
El caso brasileño, por ejemplo, que podría haber sido
castigado por los inversores después de la devaluación
a la que fue obligado el real por los ataques de especuladores,
salió fortalecido del proceso por la credibilidad de su política
económica y de sus reformas estructurales. Argentina podría
aprender la lección, en términos de la capacidad para
gestionar procesos de devaluación del tipo de cambio sin
grandes perjuicios para la economía.
Confirma esta hipótesis lo ocurrido en países
como Colombia, Ecuador, Paraguay y Venezuela, donde la inestabilidad
política ha transmitido a los mercados internacionales incertidumbres
y desconfianzas que se han dejado notar en el declive de los flujos
de IED en esas direcciones. Esto es todavía más importante
en un contexto de expansión de la inversión extranjera
en el mundo entero. Si la IED ha declinado de manera brusca en países
como Colombia, Venezuela y Perú, consideradas economía
de tamaño medio en la región, esto se debe relacionar
sobre todo con las condiciones de inestabilidad institucional, mucho
más que por la dimensión de sus economía o
las políticas económicas de esta coyuntura.
La modalidad de la inversión extranjera directa llegada
a América Latina en el último año revela los
nuevos desafíos para el modelo de desarrollo económico
adoptado y las implicaciones que para la gobernabilidad plantea
el nuevo panorama. La Cepal informa al respecto que "la IED que
ingresó a la región durante 1998 y 1999 mantuvo su
composición de alrededor del 60% para la creación
de nuevos activos y un 40% para la compra de activos existentes".
A América Latina le interesa que cada vez la inversión
extranjera se oriente más a la creación de nuevos
activos. Eso significa mejorar las capacidades productivas de la
región, como esta ocurriendo con las inversiones industriales
de EEUU en México, y que Michael Mortimore resume en la creación
de actividades empresariales competitivas, incremento de las exportaciones,
colaboración en el equilibrio de la balanza de pagos mexicana
y creación de empleo. Algo parecido ocurre con la inversión
extranjera que se instala en Chile para explotar sus riquezas naturales,
cobre y silvicultura especialmente. Sin embargo, se echa de menos
el fortalecimiento de la capacidad tecnológica de la región,
cuando se habla de la renovada oleada de IED. Existe el riesgo de
que se reproduzcan experiencias históricas del tipo de las
economías de enclave, donde la inversión extranjera
llegada a América Latina lo hacía atraída por
sus recursos naturales y las condiciones favorables de acceso a
mano de obra barata, a pesar de su relativamente alto nivel de formación.
La inversión extranjera es decisiva para sostener el
crecimiento económico latinoamericano, condición indispensable
para plantearse metas más altas en cuanto a desarrollo. En
ese sentido, las autoridades de la región deben tener conciencia
de que las políticas orientadas a captar el ahorro internacional
deben ir acompañadas de incentivos a actividades productivas
capaces de generar eslabonamientos tecnológicos hacia el
interior de las economías de América Latina. La IED
habrá sido un aporte real al desarrollo cuando los recursos
llegados a la zona hayan generado actividades que eleven la capacidad
tecnológica endógena de los países receptores,
cuando el progreso sea transmitido mediante eslabonamientos empresariales
hacia actividades nuevas. Esa inversión será realmente
útil cuando haya desaparecido el riesgo que representan las
economías de enclave, que disfrutan de las ventajas transitorias
de la localización, pero no dejan una huella de progreso
capitalizable a través de unas generaciones a otras.
Lo anterior es válido para ese 60% de la IED que representa
la inversión en nuevos activos. El 40% restante corresponde
a las fusiones empresariales y los procesos de privatización
que están en marcha en América Latina. En buena medida
el papel dominante de Brasil en la actualidad, se debe a que este
país ha entrado más tarde a las ofertas internacionales
de empresas públicas. Pero lo relevante en términos
de gobernabilidad de los mercados es el hecho de que en este caso
los capitales extranjeros están entrando con fuerza en el
sector de los servicios de bienes públicos.
A diferencia de las actividades extractivas e industriales
sencillas, proclives a generar economías de enclave, los
servicios, caracterizados por las telecomunicaciones, la producción
y distribución de energía (petróleo, electricidad
y gas), servicios financieros de todo tipo (seguros, cuentas corrientes,
depósitos a plazo), carreteras y puertos, etc., tienen una
fuerte incidencia en la vida de los ciudadanos, que son consumidores
finales de los servicios prestados por las empresas transnacionales
instaladas en la región. Por ello, cada día es más
importante el fortalecimiento de la capacidad reguladora del Estado,
al que corresponde la obligación de establecer tarifas y
regular las condiciones en que se prestan los servicios privatizados.
Por ese motivo, se espera que la empresa internacional no solamente
importe a la región los capitales y la capacidad de gestión,
sino que también realice una aportación importante
al buen funcionamiento de los mercados, siendo un elemento de fortalecimiento
institucional de la competencia y transparencia en la gestión
de las empresas.
Tanto como lo anterior, y teniendo en cuenta la experiencia
de formación de grupos de presión en torno a los grandes
conglomerados empresariales, es importante que las empresas internacionales
guarden una puntillosa neutralidad respecto a los procesos políticos
en marcha, evitando que sus recursos sean utilizados en el campo
de la competencia electoral a favor de determinados sectores en
perjuicio de otros. Donde no existen leyes que regulen el financiamiento
de los partidos políticos, las grandes empresas pueden verse
tentadas a influir sobre las autoridades mediante el financiamiento
informal de las campañas electorales o dando respaldo financiero
a determinadas opciones del arco político. La neutralidad
en estos casos, debería ser un criterio dominante en la cultura
empresarial, mientras no se regule de manera democrática
la financiación de las actividades políticas.
(*) Profesor titular de Historia
Económica Mundial y de América Latina en la Universidad
de Barcelona.
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