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Zedillo soluciona los problemas de la UNAM antes de las elecciones

Por Ana Isabel González Puado

 

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) reanudó esta semana sus clases, tras casi 10 meses de huelga estudiantil y el encarcelamiento de 230 estudiantes. Más de 230.000 estudiantes reiniciaron sus estudios en los cursos de bachillerato y licenciatura, que se suspendieron por el inicio de una protesta que demandaba educación pública gratuíta. Con esta aparente vuelta a la normalidad, Ernesto Zedillo deja de lado un problema que, poco a poco, iba minando su imagen no sólo ante los ciudadanos mexicanos sino ante el resto del mundo, que ha visto como la pasividad del Ejecutivo mexicano ha convertido un simple movimiento de protesta estudiantil en un auténtico problema de Estado. Y los problemas de Zedillo no han acabado todavía. Una vez recuperadas las instalaciones universitarias, sigue recibiendo quejas por todos los frentes. Por un lado, el mandatario azteca es acusado de haber utilizado la violencia en el desalojo de la UNAM y también se enfrenta a las acusaciones de oportunismo político lanzadas por la oposición (ante la proximidad de las elecciones presidenciales el próximo mes de junio). Además, instituciones académicas de diversos países y familiares de los detenidos exigen su inmediata puesta en libertad.

El origen de los problemas. El inicio de la huelga se produjo el pasado 20 de abril por los planes gubernamentales de dotar a la UNAM de los recursos que no le otorga el Estado y que se obtendrían mediante el encarecimiento de las matrículas de inscripción, que durante muchos años se había mantenido estable. Así, los estudiantes tendrían que comenzar a pagar 556 pesos (10.000 pesetas/60,3 euros) cuando, hasta entonces, la matrícula era de tan sólo 5,5 pesos (100 pesetas/0,6 euros). El Gobierno abandonó estos planes ante las protestas de los estudiantes que, al sentirse escuchados, comenzaron a exigir cambios radicales en la UNAM. La organización estudiantil autodenominada Comité General de Huelga (CGH) fue la encargada de liderar toda la protesta. El pasado 6 de febrero, de madrugada, se produjo el final de la huelga tras la incursión de unos 2.500 miembros de la Policía Federal Preventiva (PFP) en los recintos universitarios ocupados por los huelguistas. El presidente de México declaró haberse visto obligado a esta medida tras el fracaso de todos los intentos de solución anteriores. Así, el rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, no logró nada con la celebración de un referendum el pasado mes de enero, pese a que la mayor parte de los estudiantes se mostró favorable a la reforma del sistema universitario propuesta por el Rectorado. "Constaté que los esfuerzos por lograr una solución sólamente entre los universitarios habían llegado a su límite y resultaba indispensable la aplicación de la ley", afirmó Zedillo en un mensaje dirigido al país tras la incursión policial. Varios analistas mexicanos piensan que la UNAM va a vivir "una nueva etapa" pero que, pese al reinicio de las clases, seguirán presentes varios problemas de fondo, como el de la financiación.

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