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Paraguay y sus desequilibrios en el seno del Mercosur

Los aranceles deben seguir su tendencia bajista

Por Dr. Ricardo Rodriguez Silvero

No es posible integrarse sin ninguna armonización de políticas económicas. Y en ciertas ocasiones, tampoco conviene integrarse aún cuando exista tal armonización, si es que ella lleva por el camino equivocado. En el Mercosur, no hay (todavía?) ninguna convergencia de políticas económicas. Y en el caso particular de la política arancelaria, para nosotros los paraguayos, mejor que no haya ninguna.

Lo que sucede es que mientras el arancel externo común en el Mercosur oscila en torno al 15%, en Paraguay es de facto sólo el 9%, aproximadamente. Chile, uno de los asociados al esfuerzo integrador en esta parte del continente, tiene un arancel del 8% en promedio y ha anunciado que lo bajaría al 6% en los próximos años. Si se pusiese en práctica (no sólo en los papeles) una política arancelaria común en todos los países miembros, Paraguay tendría que elevar su arancel. Y el país trasandino ha dicho claramente que no participará de la elevación de los aranceles comunitarios. A mi entender, la posición correcta es la de Chile.

El absurdo de los absurdos. En estas cuestiones pueden darse la contradicción de las contradicciones y el absurdo de los absurdos, todo simultáneamente. Es sabido que Paraguay cuenta con el PIB per cápita más bajo del área (unos 1.500 dólares por persona y por año) y que Argentina el más alto (unos 7.700 dólares). Uruguay está muy bien (6.500 dólares) y Brasil regular (3.300 dólares).

También es sabido que en el intercambio de bienes y servicios de los socios fundadores del Mercosur es Paraguay el que tiene la peor situación en términos relativos: es el que menos exporta y menos importa, siendo su déficit comercial el más grande: -2% del PIB. En el ámbito social y de infraestructuras es donde más se nota el atraso de este país: la pobreza relativa es la mayor de todas, si se toma como referencia el ámbito nacional. Si se toman el interior de cada país, Brasil tiene las zonas internas más pobres del Mercosur y algunas de ellas son mayores, en términos de superficie y de población, que Paraguay y Uruguay juntos. Pero como en esta comparación lo que cuenta son los países, fácilmente se termina concluyendo que los peores índices de salud, educación, ingresos y obras viales son los peores se dan en Paraguay.

Sin embargo, el déficit fiscal de Paraguay no está nada mal en relación con su PIB. Aún en el caso de que se cumplan los pronósticos más negativos, en el sentido de que en el 2000 el déficit en el Ministerio de Hacienda representaría ya -4% del PIB, la posición de Brasil, el gigante con pies de barro, sería peor porque estaría duplicando ese porcentaje. Queda por investigar si la eficiencia en la gestión fiscal es peor en Paraguay que en Brasil.

En términos de endeudamiento externo, también llama la atención lo mal que estuvieron administrados los demás socios del Mercosur. Un indicador muy sensible como la relación entre la deuda externa desembolsada y las exportaciones de bienes y servicios deja ver claramente que la situación de Argentina (531%!) y de Brasil (441%) es desesperante; la de Uruguay preocupante (147%) mientras que la de Paraguay es aceptable (67%). Pero hay que aclarar al respecto que el desarrollo del endeudamiento externo en este país ha empeorado notoriamente en los últimos tiempos.

Ventajas del Mercosur. El Mercosur tiene enormes ventajas, no sólo económicas, sino en sus intenciones y potencialidades. Algunas de ellas ya se hacen sentir hoy en día. El poder de negociación internacional de la zona, por ejemplo, es mucho mayor en los foros mundiales que cada país negociando individualmente. Y algunos valores del mundo occidental, tales como el respeto a los derechos humanos, el fortalecimiento del Estado de Derecho y el de la democracia, adquieren en el Mercosur mayores posibilidades de realización que cada país librado a su propia suerte. De esto no cabe ninguna duda.

ver cuadro de Mercosur

En donde no se nota todavía ningún esfuerzo consistente es en dos campos fundamentales: la armonización de políticas económicas y la supranacionalidad para casos de conflicto. Pero también en estas cuestiones esenciales falta mucho tiempo de maduración por delante. Uno de los ejemplos más claros es la política arancelaria común del Mercosur. De ahí la importancia de foros de discusión sobre la experiencia en la Unión Europea, tales como el organizado recientemente por el Embajador de España, Don Ignacio García Valdecasas. "Aprender de Europa", podría ser la consigna.

Pero los pequeños países deben organizarse mejor para no sufrir las desventajas del Mercosur. En este mundo actual de la feroz competencia globalizada, pretender mantener niveles arancelarios del 15%, como lo quiere el Grupo del Mercosur, es ser totalmente extemporáneo y, lo que es peor, es estar condenado al fracaso. Podría argumentarse que los otrora ultraproteccionistas Argentina y Brasil necesitan un tiempo largo de convergencia hacia abajo en términos arancelarios.

No igualarse a peor. Pero eso no debe significar que los países que ya están en niveles inferiores y cuyo aparato productivo pudo sobrevivir exitosamente, a pesar de ese alto grado de exposición a dicha competencia internacional, tengan ahora que aumentar sus aranceles externos para hacer causa común. Mi opinión personal es que Paraguay no debería ceder en este sentido. Le ha costado muchísimo trabajo mantenerse competitivo con un nivel promedio arancelario de facto del 9%. No tiene sentido ahora plegarse al aumento previsto del 66% adicional.

Chile, un país reconocido por sus éxitos a nivel internacional en materia de exportaciones, tiene ya desde hace mucho tiempo un arancel del 8% y ha anunciado repetidamente que su política arancelaria es a reducirlo aún más en los próximos años. Está claro que Chile preferirá no entrar en negociaciones con el Mercosur para aumentar sus aranceles. Y está haciendo lo correcto.

De ahí que Paraguay debería hacer bandera de no aumentar sus aranceleres sino, al contrario, seguir la senda de Chile, disminuyéndolos. Y su participación en el Mercosur no debería ser un pretexto para renunciar a una ventaja macroeconómica tan grande como la que le otorga tener barreras aduaneras relativamente bajas.

* Consultor de Empresas de Paraguay

e-mail rodsil@conexion.com.py

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