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Argentina
recibe con recelo el exámen del FMI
Por
Fernando Jiménez González
El presidente
de Argentina, Fernando de la Rúa, no está viviendo precisamente
su mejor momento en lo que a política social se refiere. Dos asuntos
son los que traen de cabeza a su Gobierno, sobre todo al Ministerio
de Economía. Uno es el agravamiento de la situación social debido
a los ajustes fiscales exigidos por el Fondo Monetario Internacional
(FMI), que ha provocado la convocatoria de una manifestación por
parte del sector radical de la Confederación General del Trabajo
(CGT). Otro es la reacción en parte del sector sindical frente a
la nueva reforma laboral recientemente aprobada por el Parlamento
y el Senado argentino. Horst Köhler, flamante director gerente del
FMI, ha visitado esta semana Buenos Aires para tratar con De la
Rúa y su ministro de Economía, José Luis Machinea, asuntos relacionados
con el cumplimiento de las metas fiscales impuestas por la institución
financiera internacional. La llegada de Köhler a suelo bonaerense
ha sido calificada por las autoridades argentinas como "protocolaria".
Lo cierto es que esta visita es el preludio de otra quizás más decisiva
para el destino económico de los argentinos, ya que para finales
de mes está prevista la llegada a Argentina de una delegación del
FMI. El objetivo de esta comitiva será revisar las cuentas fiscales
del Estado y comprobar el cumplimiento de los compromisos asumidos
por el Ejecutivo argentino para la obtención de créditos financiados
por el FMI.
Tijeretazos
fiscal.
Para cumplir las exigencias del Fondo, Fernando de la Rúa tuvo que
comenzar su mandato con una severa política de ajuste fiscal que
tenía como objetivo reducir un 36% el déficit público hasta 4.500
millones de dólares (4.995 millones de euros) este año. Al recorte
del gasto público de 1.800 millones de dólares (1.998 millones de
euros) decidido por De la Rúa nada más llegar al poder el pasado
diciembre hay que sumar ahora uno nuevo de 600 millones de dólares
(666 millones de euros) consecuencia de la supresión de algunas
oficinas públicas, anunciado por el vicepresidente del país, Carlos
Alvarez. El Gobierno de Argentina considera que ya se ha cerrado
el grifo de los grandes recortes. Por eso el propio presidente ha
dicho que ya no se puede pedir más esfuerzos a los ciudadanos. "Nos
preocupa la problemática social, algo que los organismos internacionales
deberían tener en cuenta", dijo De la Rúa. Por su parte, Carlos
Alvarez ha reconocido que la subida de los impuestos aplicada al
poco de iniciarse la nueva legislatura "no logró su objetivo inmediato
de resolver el déficit". Ante esta situación, el sector más exaltado
de la Confederación General del Trabajo (CGT) ha convocado una manifestación
el próximo día 31 de mayo, para protestar por la visita del equipo
del FMI. El secretario general y representante del ala moderada
de la CGT, Rodolfo Daer, ha accedido a entrevistarse con Köhler
para entregarle "un documento muy duro, porque el pueblo argentino
no soporta más ajustes".
La reforma
de la discordia.
La división en el seno del sindicato peronista CGT tiene que ver,
no obstante, con la Reforma Laboral aprobada por el Congreso la
pasada semana. Mientras que el sector "oficial" acabó plegándose
al proyecto elaborado por el Gobierno, los radicales liderados por
Hugo Moyano consideran que esta reforma es la gota que colma el
vaso de los despropósitos sociales del Ejecutivo. La nueva ley del
trabajo contemplaba, entre otras cosas, la ampliación del periodo
de prueba de los trabajadores y relegaba la importancia de los sindicatos
en algunos casos de negociación colectiva. Aunque el proyecto aprobado
atenúa algo las pretensiones iniciales del Gobierno, por las enmiendas
introducidas por el Senado (de mayoría justicialista), la esencia
de la reforma sigue siendo la misma.
RGT
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