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La coyuntura externa frena el despegue de Argentina
Por Fernando
Jiménez González
Algo no marcha
bien en Argentina. El próximo viernes 9 de junio es el día marcado
por los sindicatos del país para la celebración de una huelga nacional
para protestar contra la fuerte política de ajustes que lleva a
cabo el Gobierno del aliancista Fernando de la Rúa. Frente a las
previsiones optimistas que lanzaban los analistas a comienzos de
año, que auguraban de un crecimiento económico de entre el 4% y
el 5% anual, la realidad resulta menos halgüeña, ya se prevé en
un crecimiento inferior al 3%. ¿Cuál es la razón de esta inversión
del ritmo económico argentino? Varios sindicatos argentinos, abanderados
por el ala más radical de la Confederación General de Trabajadores
(CGT), la más poderosa central sindical de Argentina, ven la causa
de gran parte de los males económicos del país sudamericano en el
acuerdo que mantiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Este compromiso tiene como objetivo la disminución del déficit público
de Argentina un 32,8% hasta los 4.700 millones de dólares (5.000
millones de euros) durante este año. Esta previsión era lógica el
año pasado, cuando se suscribió el acuerdo. Sin embargo, los distintos
avatares económicos que han sacudido a Argentina durante los últimos
meses han desbaratado el cálculo. El Gobierno de De la Rúa era consciente
cuando llegó al poder, el pasado mes de diciembre, de que tendría
que aplicar una serie de ajustes más o menos duros para reducir
el gasto público y cumplir con las metas impuestas por el FMI. En
cuanto tomó posesión del cargo, De la Rúa puso en marcha un recorte
de 1.400 millones de pesos (1.500 millones de euros) y subió los
impuestos. Pero no parece que esto fuera suficiente, ya que el Ministerio
de Economía, dirigido por José Luis Machinea, anunció el pasado
lunes 29 de mayo un nuevo recorte de 600 millones de dólares (642
millones de euros) que afecta sobre todo a los funcionarios que
cobran más de 700 de pesos (749 de euros).
Malas compañías.
Sin embargo, varios factores han contribuido a que las soluciones
anteriores no dieran el fruto esperado. Sobre todo ha sido la coyuntura
externa la que más ha truncado los planes de De la Rúa. Los analistas
señalan a la incertidumbre sobre los tipos de interés en EEUU y
los vaivenes de Wall Street han afectado sensiblemente a una Argentina
que mantiene la convertibilidad con el dólar (1 peso argentino equivale
a 1,0002 dólares). Los spreads (diferenciales de deuda) han aumentado
y los bonos brady (pesadilla de otros países con una gran deuda
externa, como Ecuador) han incrementado su rentabilidad, lo que
no contribuye demasiado a reducir el endeudamiento externo de Argentina.
Por otra parte, la debilidad del Euro frente al dólar también ha
afectado al mercado exterior del país sudamericano al encarecer
las exportaciones argentinas en la zona de influiencia de euro.
Varios analistas argentinos consideran este problema más importante
que el deterioro de la competencia con Brasil. Analistas de Dresdner
Keinwort Benson consideran que el Ejecutivo puso más énfasis en
el aumento de los impuestos (de un 60%) que en la reducción de gastos
públicos. La gente de la calle no ve los resultados de la subida
de los impuestos ni de los fuertes ajustes dictados desde la Casa
Rosada. Por eso hay tanto descontento social. Las medidas de De
la Rúa son apropiadas y las únicas que se podrían tomar, pero la
situación no es buena, según Juan Martínez, analista del Banco Bilbao-Vizcaya
Argentaria. La pregunta que ronda la cabeza de los analistas es
si el FMI rebajará sus exigencias fiscales para Argentina, ya que
el Gobierno ha actuado correctamente y si no ha llegado a la meta
ha sido por factores externos.
RGT
MCR
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