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América
Latina en los noventa: los déficits del crecimiento
Los
logros económicos de una década
Por
César Yáñez*
El retorno al crecimiento
La década de
los noventa ha sido para la economía latinoamericana la del retorno
al crecimiento. Después de la "década perdida" de los ochenta, en
que el impacto de la crisis de la deuda externa provocó varios años
consecutivos de crecimiento negativo, y un balance general para
la década de un -1% de crecimiento en el PIB por habitante; la economía
recuperó su tono expansivo, pero con unas tasas de crecimiento del
PIB per cápita más que moderada, que no llega siquiera la 1,5%.

Fuente:
Cepal, Balance preliminar de las economías de América Latina y el
Caribe - 1999
Fuente: Cepal, Balance preliminar de las economías
de América Latina y el Caribe - 1999
La
trayectoria reciente de las tasas de crecimiento del PIB latinoamericano,
además de moderadas, son inestables, quedando la década partida
en dos mitades, con una crisis a mitad de recorrido y otra al final.
Tanto en 1995 como en 1999 las tasas de crecimiento del PIB por
habitante fueron negativas. Ambas crisis económicas están motivadas
por factores externos que golpean economías en fase de transición.
En 1995 fue México quién sufrió las consecuencia de la pérdida de
confianza de los propietarios de títulos de deuda, los que iniciaron
una retirada sistemática del mercado mexicano. Sus efectos se hicieron
sentir hasta Argentina, donde la crisis financiera internacional
adquirió el nombre de "tango". En 1998 y 1999, la depresión económica
de los países latinoamericanos ha estado ligada a los efectos de
la crisis de la región asiática, donde las economías emergentes
sufrieron el ataque de los capitales volátiles, una vez que se puso
en evidencia las presiones devaluadoras sobre sus monedas. Brasil
fue el país más afectado, y la economía chilena, que había mostrado
una notable solidez durante más de una década y media, también entró
en depresión. Es oportuno señalar aquí que, en alguna medida, las
estadísticas del crecimiento del PIB latinoamericano están favorecidas
por el efecto de las crisis. En un principio, en las etapas depresivas
aumenta el desempleo y se reduce la actividad económica, dejando
capacidad instalada ociosa, y cae el producto, en consecuencia;
en los años siguientes, la recuperación del PIB es favorecida por
los bajos índices iniciales, los del año de crisis, así como por
la abundante oferta de fuerza de trabajo, que presiona los salarios
hacia abajo y potencia la economía informal, al mismo tiempo que
se recupera la actividad de la capacidad instalada, con lo cual
el PIB vuelve a crecer con fuerza, pero no de forma sostenida.
Nuevo
dinamismo exportador
La
extrema sensibilidad de la economía latinoamericana de los noventa
a los ataques externos, tiene que ver con el nuevo rol que han adquirido
las exportaciones en esta nueva etapa de expansión. Como se puede
ver en el gráfico que se reproduce más abajo, las exportaciones
se recuperaron a partir de 1987 y durante toda la década de 1990
han sido el factor más dinámico de la economía. Podríamos decir,
que desde antes de la Primera Guerra Mundial no ha habido un periodo
semejante, en el que las exportaciones hayan tenido una repercusión
tan sistemática sobre el crecimiento. Hago notar que las exportaciones
han crecido a una tasa que es tres veces superior al PIB.

Fuente:
Cepal, Balance preliminar de las economías de América Latina y el
Caribe - 1999
Este nuevo ciclo de crecimiento volcado hacia las exportaciones
ha requerido de importantes reformas en la institucionalidad económica.
En primer lugar, se ha tenido que instrumentarr una consistente
apertura externa, con reducción de aranceles, eliminación de mecanismos
para-arancelarios de protección y modificación de las políticas
cambiarias a favor de tipos de cambio establesen cada vez más países
determinados por las fluctuaciones del mercado. La apertura al exterior,
a pesar de sus riesgos, ha significado mejorar los mecanismos para
financiar el pago de la deuda externa, en ocasiones con el apoyo
de las instituciones financieras internacinales. Pero sobre todo
ha significado recuperar la confianza de los inversores internacionales,
permitiendo que América Latina vuelva a tener acceso en los noventa
a los capitales internacionales, que estuvieron lejos de la región
en los ochenta.

Fuente:
Cepal, Balance preliminar de las economías de América Latina y el
Caribe - 1999
La nueva fase
de expansión, con todas sus limitaciones, ha permitido que la economía
de América Latina comenzara a superar dos rémoras históricas que
han lastrado su progreso durante casi todo el siglo XX, y en la
segunda mitad especialmente: la inflación y el déficit público.
Control de
la inflación y del déficit público
La inflación
que comenzó expansiva y explosiva, encaramándose desde el 200 al
900% entre 1991 y 1993 (sobre todo por culpa de Nicaragua y Brasil),
consiguió reducirse hasta el 25% en 1995, y llegar al nivel más
bajo en 1999, coincidiendo con la depresión, cuando se sitúa por
debajo del 10%. Una inflación controlada es vital para la viabilidad
a largo plazo de las empresas, al mismo tiempo que es indispensable
para conseguir expandir el poder adquisitivo de los sueldos (al
menos en el sector formal de la economía).

Fuente: Cepal,
Balance preliminar de las economías de América Latina y el Caribe
- 1999

Fuente:
Cepal, Balance preliminar de las economías de América Latina y el
Caribe - 1999
El control de
la inflación va muy ligado a las políticas de disciplina presupuestaria.
Y ésta a su vez, corre paralela alas políticas de reforma del sector
público. El Estado ha tenido que reducir su tamaño, soltando el
lastre de la burocracia creada en los años del populismo; ha iniciado
un proceso de privatizaciones de las empresas públicas, con lo que
ha podido equilibrar sus déficits públicos, al tiempo que se han
pretendido fortalecer los mercados (con desigual éxito, ya que las
privatizaciones no siempre han ido acompañadas de políticas de competencia,
con lo que del monopolio público se ha pasado al monopolio privado,
uno tan nefasto como el otro). En ese contexto se debe considerar
también la reforma del sector financiero, comenzando por los Bancos
Centrales (emisores), que han aumentado su independencia del ejecutivo.
Si el control de la escalada de precios lo veíamos ligado a la reducción
del déficit público y las reformas que le acompañan, el control
del déficit tiene mucho que ver con la evolución de los ingresos
públicos. Al respecto, se ha argumentado que el crecimiento traerá
consigo el aumento de la recaudación fiscal, especialmente en aquellos
países que han implantado el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Y,
efectivamente, ha aumentado la recaudación en esta época de crecimiento
económico, pero con el coste de que el IVA es un clásico impuesto
regresivo, por lo que el desafío para el futuro inmediato es implementar
un "nuevo pacto fiscal" que consista en reducir el rango de evasión
fiscal, haciendo que "todos paguen", e implementado un sistema de
impuesto sobre la renta que obedezca a criterios progresivos, donde
paguen más los que más ganen.
La sociedad
no recoge todos los frutos del crecimiento
En el plano
social, el modelo también muestra sus progresos, pero debe ser aquí
donde el balance de resultados es menos optimista. El Panorama Social
de América Latina de 1998, ha puesto de relieve algunos de los rasgos
menos venturosos del progreso. El porcentaje de hogares que vivían
bajo la línea de pobreza en América Latina entre 1990 y 1997 se
ha reducido constantemente en estos ocho años de la década de los
noventa; pasando del 41 al 36%, nivel de pobreza que se aproxima
al 35% que había en 1980, antes de la gran crisis económica de la
década anterior.
|
|
Porcentaje
de hogares pobres
|
Volumen de
la población pobre (millones)
|
|
1980
|
35
|
135,9
|
|
1990
|
41
|
200,2
|
|
1997
|
36
|
204,0
|
Fuente: Cepal,
Panorama social de América Latina 1998
Magnitud
de la pobreza y la indigencia en América Latina 1980-1997 ( %)
|
Hogares
bajo la línea de pobreza
|
Hogares
bajo la línea de indigencia
|
|
Total
del país
|
Urbana
|
Rural
|
Total
del país
|
Urbana
|
Rural
|
| 1980
|
35
|
25
|
54
|
15
|
9
|
28
|
| 1990
|
41
|
35
|
58
|
18
|
12
|
34
|
| 1994
|
38
|
32
|
56
|
16
|
11
|
34
|
| 1997
|
36
|
30
|
54
|
15
|
10
|
31
|
Por su parte,
el gasto social público latinoamericano se ha expandido en promedio
un 38% en el mismo periodo, habiéndose distribuido este crecimiento
en los sectores de "seguridad social" (40,8%), educación (39,5%),
salud y nutrición (31,7%) así como vivienda, agua y saneamiento
(19,3%). Pero los logros no son lo suficientemente potentes como
para conseguir que junto con la disminución relativa de la pobreza,
en tantos% sobre el número de hogares, se reduzca también la cantidad
bruta de familias y personas que viven bajo el signo de la pobreza
y la miseria.
Es preocupante
que, a pesar del crecimiento económico de los noventa, en 1997 existan
más de cuatro millones de personas pobres que las que existían en
1990. Por tanto, la pregunta clave es: ¿En qué se debe sostener
una acertada política de lucha contra la pobreza? El primer problema
a resolver, en este sentido, es nuestra concepción de la pobreza,
superando las ideas que se remiten exclusivamente a la carencia
de bienes y servicios para comprender el significado de la pobreza
como un "estado social" que incluye la marginalidad y la informalidad
como elemento característico. La pobreza, en la forma como se presenta
actualmente en América Latina, es una situación estructural que
impone a millones de personas la condición de excluidos del sistema
social y económico formal. Esta exclusión no significa, en realidad,
carecer de bienes y servicios, sino la existencia paralela de redes
y reglas informales que dan acceso a ellos. La pobreza más difícil
de atacar por las políticas estatales, entonces, es aquella que
por la fortaleza de su institucionalidad informal, se aleja del
acceso a los bienes y servicios provistos por el Estado o por el
mercado (en su versión formal y legal) para instalarse en un espacio
social propio, regido por normas diferentes, muchas veces ilegales
o paralegales, que cumplen con la misma función de procurar la satisfacción
de las carencias propias de la pobreza.
En pocas palabras,
después de que varias generaciones de latinoamericanos han nacido,
vivido y fallecido en los espacios de la pobreza y la marginalidad,
esta situación ha dado lugar a una trama compleja y poco estudiada
que podríamos definir como "informalidad institucional". Con fines
operativos, hay que entender como informalidad institucional un
conjunto de reglas de comportamiento implícitas en el uso social,
nunca escritas ni explicitadas, que son coherentes entre sí y compartidas
por un grupo humano, y que existen paralelamente, en contraposición
o conflicto con la institucionalidad formal, representada por la
ley, el Estado y el mercado regido por esas leyes y protegido por
ese Estado. La institucionalidad informal, así entendida, puede
ser muy estable y duradera en el tiempo, incluso eficiente desde
el punto de vista de la satisfacción de las necesidades de quienes
se apoyan en ella, y da lugar a una dualidad socio-económica del
tipo inclusión-exclusión.
A los Estados
latinoamericanos, a pesar de los renovados recursos para atacar
la pobreza, les está costando sobremanera disolver las múltiples
formas que adquiere la pobreza. En realidad no hay una única versión
de este tipo de pobreza institucionalizada, se trata de múltiples
expresiones que cada una de ellas no supera unos cuantos miles de
personas o, a lo más, unas decenas de miles, que se dan sus propias
reglas del juegos basadas en criterios de solidaridad y ayuda, pero
también en formas de violencia que castigan a los que se apartan
de la pauta aceptada. La eficacia de los gobiernos en la disolución
de la pobreza, por lo tanto, incluye su eficacia por terminar con
la exclusión y la marginalidad. Para ello es perentorio iniciar
el estudio específico de las características y magnitud de esta
pobreza instalada ya históricamente en la informalidad, mediante
el estudio de casos específicos y la aplicación de políticas adecuadas
a cada caso.
Si se quiere
tener éxito, además es indispensable contar con la participación
de los protagonistas. Es muy difícil que un actor externo sea eficaz
en detectar con toda claridad los centros neurálgicos de la pobreza
llevada a la categoría de una institución informal, y todavía resulta
más difícil cambiarla. Es indispensable en consecuencia, la participación
social de los colectivos marginales para iniciar la operación de
formalización e inclusión en los marcos institucionales formales.
La acción descentralizada, con unidades de análisis que se refieran
a situaciones específicas de pobreza, con recursos políticos y sociales
que permitan acentuar la participación, debería permitir al Estado
una mayor eficacia para atacar los núcleos duros de pobreza, creando
los caminos para que estos pobres realicen el camino desde fuera
hacia adentro aprovechando sus propias capacidades creativas, o
flexibilizando las normas que sostienen el espacio social formal
para dar cabida a las formas más virtuosas en que se expresa el
mundo social de los pobres, respetando sus expresiones culturales,
aprovechando sus mecanismos de solidaridad y ayuda; factores que
están fuertemente internalizados como pautas de conducta en las
que se ha apoyado su supervivencia. Exclusión y desigualdad: causas
de un déficit de "ciudadanía"
La historia
de América Latina, desde la época colonial hasta nuestros días,
se ha caracterizado por una dinámica de crecimiento económico con
altas tasas de heterogeneidad, en la que se reproducen varios sistemas
económicos que podían o no obedecer a la dinámica institucional
de la economía bajo control estatal. Esta heterogeneidad (o dualismo,
según se prefiera) se ha manifestado de dos maneras: a) mediante
una altísima tolerencia a la desigualdad intrasistémica, que tiene
su primera manifestación en la "sociedad de castas" de la época
colonial, la que consagraba desde sus inicios una heterogeneidad
social, económica y política que los latinoamericanos han internalizado
a sus comportamientos, y que tiene reflejo hoy en los enormes índices
de desigualdad de ingresos y de oportunidades; b) en segundo lugar,
la heterogeneidad se ha expresado mediante la expulsión del sistema
de determinados sectores mediante una dinámica de pobreza y exclusión.
Este fenómeno social ya estaba presente en la sociedad colonial
americana en la forma de "sociedades cimarronas" y múltiples tipos
sociales que se automarginaban de las reglas del juego del estado
y construían su propio marco institucional, como lo hace hoy esa
masa de pobres urbanos incorporados de lleno a la economía informal.
La constante tensión que genera exclusión económica y social, provoca
a su vez aversión al Estado y marginación respecto a los comportamientos
de carácter ciudadano. Es la suma de la pobreza, la marginación
y la exclusión, sostenida durante generaciones "inmemoriales", lo
que provoca la frustración de una parte relevante de los latinoamericanos
e impide homologar sus comportamientos a los de una "ciudadanía
responsable". Los mercados incompletos en lo económico, las democracias
imperfectas en lo político, son la matriz desde donde nace y se
reproduce un tipo de desarrollo que flaquea por la ausencia de un
agente social activo en el ejercicio de sus deberes y derechos con
ciudadano.
En las últimas
décadas, caracterizadas por una búsqueda persistente de modelos
económicos, sociales y políticos que permitan a América Latina salir
de su condición de atraso, no han dejado de engrosarse las filas
de los excluidos que alimentan el dualismo institucional. Desde
1950 hasta la actualidad el sector informal urbano de la economía
no ha dejado de crecer. Si en 1950 el 24% de los trabajadores urbanos
estaban en la informalidad, en 1980 este índice se había elevado
al 25%, reflejo de que la industrialización en marcha no podía eliminar
las bolsas de pobreza y marginalidad, que en términos absolutos
crecían (en términos de porcentaje sobre la población económicamente
activa, se pasaba del 10% al 16%, lo que representa una expansión
del 60% en 30 años). La década de 1980 resultó especialmente dañina
en ese sentido, la crisis de la deuda externa tuvo altísimos costes
sociales, ya que la informalidad en el empleo urbano se alzó hasta
el 31%, con su merma respectiva en sector formal. La tendencia apuntada
en los ochenta, en términos de aumento de la incidencia de la economía
informal sobre el conjunto, queda reflejada a su vez en los datos
de un estudio del Banco Mundial, en que se cuantifica el porcentaje
de informalidad existente en algunos países latinoamericanos en
los años iniciales de la década de 1990 (tanto% sobre el PIB). Al
respecto, según el cuadro que se presenta a continuación, los grados
de informalidad de la economía latinoamericana van desde un mínimo
de 18,% (en el caso de Chile) a un máximo de 65% (en el caso de
Bolivia), con una media aritmética del orden del 39%. Si ponderásemos
estos porcentajes, según el tamaño de las economías de América Latina,
este porcentaje subiría todavía más, pensemos solamente que Brasil
representa el 40% del PIB regional y casi un 38% de su economía
está en la informalidad.
Dimensión
del sector informal de la economía latinoamericana a inicios de
la década de 1990 (% sobre el PIB)
|
Chile
Argentina
Costa
Rica
México
Venezuela
Ecuador
Colombia
Uruguay
Brasil
Honduras
Guatemala
Perú
Panamá
Bolivia
|
18,2
21,8
23.3
27.1
30,8
31,2
35,1
35,2
37,8
46.7
50,4
57,9
62,1
65,6
|
Fuente: N.Loayza,
"The economics of the Informal Sector. A Simple Model and Some Empirical
Evidence from Latin America", Policy Research Working Paper 1727,
Banco Mundial.
La agudización de los problemas de marginalidad y exclusión durante
los ochenta y noventa, ha tenido consecuencia sobre la seguridad
de las personas. La encuesta del Latinobarómetro detecta que la
delincuencia es uno de los problemas que más preocupan a las personas
en América Latina, y que en torno al 90% tiene la impresión de que
la delincuencia ha aumentado en los últimos años. La tendencia a
actuar al margen de la ley es reforzada por el desprecio a aceptar
un lugar en la ciudadanía, a sentirse parte de una sociedad con
la que se han adquirido unos compromisos a lo largo del tiempo y
que ofrece espacios de seguridad y protección. La extrema violencia
con que actúa la delincuencia en las ciudades latinoamericanas en
la actualidad sólo se puede explicar por el grado de frustración
que está provocando la exclusión, sumado al efecto de demostración
de la opulencia de unos pocos frente a los excluidos, que se sienten
con el derecho a tomar por su propia mano aquello que la sociedad
les niega. Los déficits de "ciudadanía" que aludimos son también
un factor de riesgo para la estabilidad de los sitemas políticos
latinoamericanos. La existencia de amplias capas de población en
condiciones de marginalidad extra-sistémica, hace de ellos presa
fácil para las propuestas "neo-populistas". Las experiencias de
Ecuador, Perú y Venezuela, son un buen ejemplo del nuevo populismo
que ha surgido en la región en la década de los noventa. Pero el
fenómeno es más extendido de lo que sugiere la información relativa
a estos tres países. En muchas naciones latinoamericanas han aparecido
síntomas que sugieren que para presentarse a las elecciones con
posibilidades de ganar es necesario ofrecer durante la campaña más
de lo que es realista realizar en el gobierno.
En esa mismo línea, también es motivo de alarma el hecho de que
en varios países (Argentina, Brasil y Perú, al menos), los gobiernos
constitucionalmente elegidos han promovido reformas constitucionales
para asegurarse la prolongación de su periodo de gobierno original,
u obtener la venia constitucional para que el presidente de la República
pueda repetir mandato, presentándose a unas elecciones fuertemente
influenciadas por la injerencia del ejecutivo. En síntesis, América
Latina avanza en sus reformas económicas sin demostrar aún toda
su potencialidad de crecimiento, la pobreza retrocede a un ritmo
demasiado lento como para pensar en la universalización de los derechos
sociales, y la desigualdad que impulsa a la exclusión está provocando
importantes déficits de "ciudadanía" que podrían poner en peligro
la recuperación democrática y económica de la última década.
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Yáñez, C.,
Abbott, F., y Matus, M (1999), "La paradoja de Aquiles y la tortuga:
analfabetismo y desarrollo en América Latina durante el siglo XX",
en Instituciones y Desarrollo
* Profesor titular
de Historia Económica Mundial y de América Latina en la Universidad
de Barcelona.
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