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MERCADOS Y FINANZAS Venezuela

Venezuela podría sufrir unas cifras de inflación mucho mayores a las actuales

José Manuel Rotondaro (KonZapata.com) / 21-07-2015
Bandera de Venezuela

Bandera de Venezuela

La discusión de si Venezuela está o está en camino de sufrir una hiperinflación se pone en boga en redes sociales y medios de comunicación foráneos. En primer lugar conviene definir claramente lo que se entiende por hiperinflación. Desde el punto de vista académico el fenómeno ocurre cuando los precios aumentan más de 50% en un mes, límite propuesto por Phillip Cagan en 1956.

En el caso venezolano el tema se complica por la inexistencia de un índice reconocido y público de inflación. El Banco Central y el Instituto Nacional de Estadística tienen esa información pero no la divulgan, debido a “una inconsistencia metodológica” entre ambos organismos, de acuerdo a un comentario del Presidente del BCV a periodistas extranjeros.

Ante la ausencia de información oficial, analistas privados como la firma Síntesis Financiera han tratado de construir índices alternativos. Para Síntesis Financiera la inflación se ubicó en junio en 13% mensual. Igualmente, el Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cendas) calcula el valor de la canasta alimentaria, reflejo parcial del índice de inflación, estimando una inflación anual de 124,9% para el mes de mayo. Otros, como los economistas José Guerra y Orlando Ochoa, han difundido las supuestas cifras de inflación que el BCV y el INE se niegan a publicar, y que ubicaría la inflación anual para junio en 120,7%, y una acumulada en 2015 superior a 68%.

Claramente, de acuerdo con estos estimados aún no puede decirse que Venezuela está en hiperinflación.

Hay otros, notablemente Steve Hanke, que tienen otra visión. Este economista viene anunciando la hiperinflación desde hace más de 3 años, y su estimación de la inflación actual la ubica en terreno hiperinflacionario: más de 600%. Pero esa es una estimación de escritorio, no de calle como la de los analistas antes citados, y basada exclusivamente en el tipo de cambio no oficial, tal como es reportado en algunas páginas web.

En sentido contrario al de Hanke, la revista The Economist publicó el viernes 17/07 el famoso índice Big Mac. Sorpresivamente el bolívar pasó a ser la moneda más subvaluada, cuando usualmente era una de las más sobrevaluadas. ¿Por qué? The Economist calcula el índice comparando el precio de la hamburguesa con el tipo de cambio de mercado. Para Venezuela utilizó la tasa del SIMADI. De hecho, en los últimos cuatro semestres ha utilizado los tipos de cambio de cuatro diferentes mecanismos: CADIVI (6,30) en enero de 2014, SICAD I (11) en julio 2014, SICAD II (52) en enero 2015 y SIMADI (197) en la última edición. Con esto, el tipo de cambio oficial se multiplicó por 31, mientras el precio de la hamburguesa “sólo” se multiplicó por 3. Como consecuencia, el precio en “dólares oficiales” del Big Mac cayó de $7,15 a apenas $0,67.

¿Qué significado tiene esto? Qué más allá de una discusión sobre si existe o no hiperinflación hoy en Venezuela, la amenaza de que veremos inflaciones aún mayores a la actual, cualquiera que ésta sea, es real y hasta cierto punto inevitable.

¿Por qué? La economía está migrando a tropezones, en la cual la mayor parte de sus importaciones y exportaciones se regían por un tipo de cambio de 6,30, a otra con una tasa significativamente superior, difícilmente inferior a Bs. 50 por dólar en promedio.

El coeficiente de conversión de esta mayor tasa de cambio promedio de la economía a los precios internos, lo que los economistas llaman pass-through, ha sido generalmente cercano a la unidad en Venezuela. Es decir, eventualmente el mayor tipo de cambio se traducirá en mayor inflación.

Tomando como partida enero de 2013, cuando se ajustó el para ese momento único de tipo de cambio oficial a 6,30 y usando las cifras de inflación para junio 2015 difundidas por los economistas, los precios han aumentado 4,2 veces. Si el tipo de cambio promedio hoy es Bs 50 por dólar, el dólar ha aumentado casi 8 veces su valor en bolívares. Esto indica que eventualmente los precios de hoy se duplicarán.

Claro, esa inflación recoge precios severamente rezagados por decisiones administrativas, principalmente el de la gasolina que inusitadamente sigue al mismo precio de 1997 a pesar de la campaña de (¿auto?) convencimiento del Gobierno de que está muy barata. Lo mismo ocurre con rubros como medicinas, servicios públicos, etc.

En el otro extremo están los productos cuyos precios son más difíciles de controlar, en los cuales algunos reflejan la evolución del dólar negro. Y luego está la escasez, reflejo de precios oficiales irreales, y que para la población se traduce en mayores costos de búsqueda, ingresos perdidos en colas, etc. El control de precios, e incluso la negativa de publicitar aquellos no controlados, son herramientas para diferir o encubrir la inflación, lo cual se ha traducido en una fragmentación de los mercados, con muchos productos con precios oficiales artificialmente bajos y suministro extremadamente reducido, a la vez que los mismos productos se pueden adquirir a precios muy superiores en establecimientos informales.

Detrás de todo esto subyace además el crecimiento de la masa de dinero en la economía. Entre marzo de 2013 y marzo pasado, el total de dinero disponible (billetes más depósitos) se multiplicó por 3, con una trayectoria muy similar a la de los precios. Si algo cabe esperar de este Gobierno y de su Banco Central es que la inyección de dinero aumente, no que disminuya.

En conclusión, las condiciones están dadas para que Venezuela experimente en los próximos meses un episodio hiperinflacionario. Pero el Gobierno aún cuenta con las herramientas para ocultar el fenómeno. Y por eso es que predicciones anteriores, tanto de Hanken y otros como Goldman Sachs, aún son predicciones.