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MERCADOS Y FINANZAS Venezuela

El vicepresidente venezolano reconoce la crisis pero ‘olvida’ las medidas para sofocarla

KonZapata / Danny Leguízamo / 24-02-2016
Aristóbulo Istúriz, vicepresidente de Venezuela

Aristóbulo Istúriz, vicepresidente de Venezuela

La fe de Aristóbulo Istúriz no es suficiente para arreglar los problemas del país. El Vicepresidente de la República se esforzó demasiado en dibujar un país que no existe. Al final de su discurso aterrizó en la realidad: Hay crisis económica. Pero no habló de medidas. Habló de fe.

Finalmente Aristóbulo Istúriz fue a rendir Memoria y Cuenta en la Asamblea Nacional.. En el hemiciclo protocolar no cabía ni un alma. La bancada de la MUD se vio temporalmente disminuida porque del lado izquierdo estaban los ministros y del lado derecho, invitados especiales afectos al Gobierno. En la entrada del salón protocolar también había suficientes rojos bloqueando el acceso. Arriba, la primera galería estaba llena de activistas rojos y “familiares de víctimas de la guarimba”. La galería superior era ocupada por periodistas. Cuando llegó Istúriz, una mujer emocionada en la entrada gritó: “¡Vice!”.

Se saludaron entre funcionarios del Chavismo C.A. como en los mejores tiempos. Risas y mucho entusiasmo de las barras portátiles desde el inicio. Y cuando Henry Ramos Allup llamó a Istúriz a ejercer su derecho de palabra, comenzaron a dibujarse en las palabras del Vicepresidente un país de fantasía.

Inició hablando de las maravillas de la Constitución. De que las críticas al CNE se disiparon cuando el Gobierno acató los resultados de las elecciones. Alguien preguntó desde abajo por los diputados Amazonas. Istúriz no se inmutó. Siguió su disertación: Mostró como un logro que se haya elaborado un marco legal para proteger el Cuartel de la Montaña, donde aseguran, se encuentran los restos de Hugo Chávez. Después fue leyendo uno por uno otros “logros” del Gobierno:

-Que en 2013, dijo, el salario mínimo era de 2.973 bolívares y que en 2015 subió a 9.600 bolívares. Eso fue un reconocimiento de la terrible inflación que sufre este país. Más tarde Ramos Allup se encargó de recordárselo en su discurso de cierre.

-Que en el país hay una “escasez inducida” y que, por lo tanto, una de las causales es el contrabando de extracción. Que por eso cerraron la frontera. Ese fue el “logro”. Le faltó decir que aquello no solamente no solucionó, sino que empeoró las cosas.

-Volvió a sacar el Coeficiente Gini y la reducción de la pobreza. Algún diputado opositor refutó con sorna: “Este país es una maravilla”. Otro preguntó: “¿Y la crisis económica?”

-Habló de 123 operaciones “liberación del pueblo”. De la siembra de sorgo. De un “Fondo de Eficiencia Socialista” que ya acumula 230 millones de bolívares. Que la economía en 2015 estuvo “solvente” porque pagaron a tiempo la deuda externa. Le faltó aclarar que la deuda externa se canceló porque disminuyeron groseramente las importaciones. Se preguntó por qué continuaba subiendo el Índice de Riesgo País. Que la recaudación tributaria se incrementó más de 230%. Luego tocó el tema de las pensiones: “Ochenta por ciento de adultos mayores recibiendo su pensión equivalente al salario mínimo”.

Una anciana vestida de rojo de pies a cabeza en la primera galería, agitaba dos mechudos también rojos al son de las palabras de Istúriz, bailando con movimiento intenso de caderas incluido. Vaya usted a saber qué estaba celebrando. Si yo fuera un pensionado del IVSS bajo este contexto de elevada inflación y escasez, solamente tendría razones para llorar.

Pero luego Istúriz dio un giro radical a su discurso. Nunca mencionó cifras de inflación, PIB y escasez, pero el país de fantasía que con tanto empeñó dibujó, comenzó a disiparse. Y lo dijo con todas sus letras: “Hay una crisis económica”. Atrás quedaron el Coeficiente Gini y las “canaimitas” que otorga la Cantv. Era el momento de la realidad. Sin embargo, a esa realidad solamente dedicó algunos pocos minutos. No habló de medidas, pero sí afirmó tener mucha fe de que vamos a salir de la crisis. Dicen por allí que la fe mueve montañas. Lo que no estoy seguro es si la fe puede de llenar de dólares una botija vacía. ¡Que Dios nos agarre confesados!